Cuando los puentes estén dinamitados

Cuando los puentes estén dinamitados

 

Cuando todos los puentes estén dinamitados,

los caminos ya no te lleven a Santiago

ni conduzcan a Roma, y el amor no puedas

conjugarlo en ninguna lengua latina…

 

Cuando Eurídice caiga en el olvido del Hades

y tú, émulo de Orfeo, quedes desprovisto de arte y maña

para rescatarla, entonces, habrás de alzarte

y despertar de tu letargo.

 

El gramo de cordura que aún te resta,

una vez caídos todos los espejismos, abre un vacío fecundo

donde has de volver a hacer oír tu singular canto,

sacando de la lira las claves de tu  delirio, locura

donde tu quebranto obtiene cura.

 

Entonces, Quijotesco Orfeo, sabrás que el mejor elixir

para vivir intensamente la vida

es dejar que tu alma, sabiéndose en el morir cuerda,

cante, delire su inmortal victoria.

 

Sabes que tu mayor vitalidad y plenitud

resurge cuando la garganta canta su desgarro

con son de rota cuerda, mientras tu voz

liba a flor de miel

sus más estremecedoras y dulces notas.

 

 

Cómo podría no quererte

Cómo podría no quererte

 

Como podría no quererte

si gracias a ti he logrado disolver

esta bilis negra,  mancha de petróleo

que impregnando mis alas

maniata y recorta el vuelo de mi alma.

 

Cómo podría dejar de quererte

si tu mirada luminosa se cuela

por los intersticios de mi cuerpo,

y pone una brasa de luz y taquígrafo

en mis rincones oscuros del alma.

 

Cómo podría hacer para olvidarte

si, el tiempo contigo discurre igual que

aplicada ostra, moliendo granos de arena

para producir nacarada perla

en el lugar vacío que tu futura ausencia dejara.

 

Mi pasión se entregó con alegre afán

al  querer ofrendarte

una perla de “pluie”,

venida de un país “oú il ne pleut pas”

 

Yo sabía que después de vivir contigo

Yo sabía que después de vivir contigo

 

Yo sabía que tras el sueño de vivir contigo

en la cresta de la ola, sería devuelto a la orilla,

varado en mi primordial Nada.

 

Como perfecto náufrago desnudo,

braceo en tierra para que mi andar vagabundo

haga sonar la alarma, la “Sirena”

que despierta mi vida al rumor de tu presencia.

 

Lo sabía, pero ignoraba que si quedo despojado

del azahar y  la sal de tu piel, mi carne,

sin el acontecimiento azaroso del encuentro con tu cuerpo,

se torna insípida y sin sentir tu pálpito vital,

deviene marchita.

 

Dime amor la clave para que circule la savia

que insuflabas en mi corazón cuando,

entre brasas sabias, me sabía abrazado,

tan tiernamente besado como encendido clavel.

 

Durmiendo entre dunas y Salinas (Pedro)

Durmiendo entre dunas y Salinas (Pedro)

 

Igual que hay días que la felicidad

se retira en silencio,

y te anuda la garganta,

acontecen singulares momentos

donde el corazón agitado

se remansa.

 

Entonces, tener un cuaderno a mano

mientras escucho una pieza de música clásica,

o sencillamente entregarte con un dulce beso

al plácido sueño en brazos de Morfeo…

 

Este gesto tan simple me basta

para desanudar el cuerpo,

y arroparte con mi desnuda alma.

 

 

No sabes cómo

No sabes cómo

 

No sabes cómo, pero habrás de reinventarte en cada poema

y lo que ahora es una ineludible necesidad,

será tu mejor virtud para desentrañar

la clave de sol que encierras, amor, iluminadora de mi oscura herida.

 

Nada de lo que puedas decir o escribir

puede aplacar la sed ni apaciguar este suplicio de Tántalo.

 

Tantas veces ha ido tu corazón a humedecer

sus labios en el agua fresca de su boca,

que sólo soñando su presencia,

el cántaro de mi voz no se romper ni canta su derrota.

 

Escribes como un insomne funámbulo, agarrado

al precario equilibrio que supone el avanzar a tientas;

por esto te agradezco el cable que me lanzas

desde la otra orilla permitiéndome soñar 

un reparador sueño, abrazado a ti.    

 

En tu ausencia, esta noche,

el corazón me obtura la garganta, y las palabras

hechas carne de papel

me queman

y me hacen tiritar el alma.

 

No sé cuantos ríos de tinta

No sé cuantos ríos de tinta

 

No sé cuantos ríos de tinta habré de verter,

hasta expulsar este coágulo de mis entrañas,

que sume mi alma en la queja de un inacabado  duelo.

 

Hoy te quiero ofrendar este honorífico poema

para  engalanarte como mi más distinguida y cara musa;

siempre me quedará el recuerdo

de haber sido envuelto en tu aura mágica.

 

Haber vivido el idilio de terminar el día con tu melódica voz,

y comenzarlo acariciado por la aurora de  tus sonrientes ojos.

 

Ahora que el bonito espejismo que hemos sostenido se quiebra,

me atrevo a mostrarte mi radical desnudez,

el gozne de mi narcisista amor donde naufraga la nada de mi ser.

 

Ay amor, este poema es mi humilde ofrenda

por todo el enorme contento que has infundido en mi ser,

fecundo rocío no caído en tierra  baldía.

 

 

 

 

 

Como un aplicado escultor

Como un aplicado escultor

 

 Como un aplicado escultor hoy quiero celebrar

la luz de alabastro que irradia tu cuerpo,

dúctil materia prima entrando

como un relámpago en mi devastada alma.

 

Todo mi ser gravita sobre el sol de tu carne,

y es una fiesta irla cincelando con mis manos.

 

A machetazos  desenredo la tupida madreselva

de tu pelo azabache,

y cuando diviso el rayo de luz

por donde se filtra tu grácil cuello,

quisiera nutrirme de su savia besando,

acariciando palmo a palmo tu cuerpo.

 

Ay, si yo fuera capaz de extraer, desbastar,

sacar a la luz, la huella primigenia

donde tu modo de gozar fue un día rotundo y pleno.

 

Celebro tu cuerpo como obra inacabada

y luminoso astro, plasticidad carnal

que positiva y serenamente esculpo sobre

el negativo de la culpa y desasosiego del alma.

 

 

 

Eres un pedacito de carne

Eres un pedacito de carne

 

 Has nacido aferrándote a la vida de un modo  tranquilo,

tu inquietud se sosiega cuando te afirmas en el pezón materno.

Te llamas Josué y el tiempo dirá lo que estás llamado a realizar

para cumplir con tu nombre y singular destino.

 

Desde mi recién estrenada condición de abuelo,

voy asaeteando tu cara a fotos para presumir

de que en el fondo nos parecemos,

queriendo reconocer algún rasgo mío; y observo

cómo comienzas a fruncir el ceño o abrir tus ojos

a tu estrecho mundo, poniendo cara de bebé viejo

que mira con extrañeza y asombro.

Si supieras cómo me gusta ya observar tu plácido dormir,

y cuando despiertas acariciar tus mejillas

y acoger tu cabecita haciendo cuenco con mis manos,

ofrendando lo que no tengo: mi nada de agua, mi nada de leche,

mi todo de amor.

 

Así, amor, así querría yo manar y darte mi agua fresca

si abrevaras sobre mi simbólico pecho.

Cada vez que te escribo un poema es querer

hacer brotar un oasis

donde había un corazón desierto.

 

Si yo me curase de mi melancolía

Si yo me curase de mi melancolía

 

 Si yo me curase de mi melancolía sabría decirte

cómo he ido erigiéndome desde mi nada;

el fecundo vacio abierto al contornear tu alma

luminosa en el lugar exacto

donde nada fui y nadie llegaré a ser.

 

Al calor de tu aliento mi corazón se deshiela,

y mis manos derraman cascadas de pura caricia,

laminando la cordillera de huesos de tu espalda.

 

Si yo me curara  de la melancolía,

entenderías que si mi alma queda enardecida,

y en tu cuerpo lavada y  bendecida,

entonces, mi deseo purificado conspiraría

para llegar a convivir juntos noche y día.

 

Sin embargo, es posible que el contradictorio movimiento del deseo,

ponga pies alados en tu alma para que vueles lejos de mi,

bien a mi pesar, para que  no pertenezcas a  nadie,

ni a ti misma siquiera;

mientras yo permanezco encadenado

a mi perpetua agonía,

salvo que recobrara la paradójica libertad

de quedar en ti cautivado.

 

Esta mañana soleada de domingo

Esta mañana soleada de domingo

 

 Sin ti, esta mañana soleada de domingo,

invadido por la soledad y la tristeza

al estar sin cobertura ni señal de tu deseo

que otros días inundó mi alma en clave de sol y alegría.

 

Esta mañana cada lugar y cada objeto de la casa

me preguntan por ti, y el aire que respiro

se hace eco de tu presencia.

 

Hoy me siento en mi casa un apátrida exiliado,

y casi preferiría no haberme sentado

en la silla de mi  despacho para no imaginarte enfrente,

dando acogida calurosa a mis poemas,

como traductora de fino criterio filológico.

 

Hoy me duele tanto tu ausencia que en el vacío,

he tenido que fabricar este poema para hablar

a mi corazón lo que mi cabeza no entiende.

 

Tu presencia ha sido un derroche de vida, luz, calor y alegría.

Quisiera volverla a sentir cuando tu deseo me incite

a poder abrazar tu cuerpo glorioso,

firmando un eterno instante de gozo.