No lamentes tu suerte

“No lamentes tu suerte, tus obras fracasadas,

Las ilusiones de una vida que llorarías en vano” K. Cavafis

 

No lamentes tu suerte.

 

Hoy me pide el cuerpo escribir a corazón abierto,

sin anestesia que valga, apretando los dientes

y desatando la lengua, despegando esta mordaza,

como una buena manera de levantar

el velo que ensombrece y aprisiona la singularidad del alma.

 

Hoy escribo, como siempre, no sabiendo bien qué,

ni cómo, solo me guía lo que siento,

y quisiera dar una fuerte patada contra el suelo,

acaso con la vana intención de hacer brotar bajo los adoquines

la consigna del mayo francés “sé realista, pide lo imposible”

para extraer las preciadas gotas de lluvia

que irrigasen mi corazón, hoy un tanto desmejorado

más no encallecido, en  la ternura siempre cultivado.

 

“Cuando la memoria del cuerpo se despierta,

cuando los labios y la piel recuerdan,”

y tu cuerpo queda atravesado por el dolor, haz  como Marco Antonio

escucha con emoción la música exquisita, más nunca con lamentos

 ni quejas de cobarde, y despide la Alejandría que así pierdes.”

 

Hoy lloras como hombre, la utopía que no supiste defender,

pero sabes que en tu apuesta no todo fue un sueño

así lo atestigua y da fe, está lágrima valiente

que resbalan ahora  por tu mejilla, como vivo reflejo

donde se condensa la pura y real pérdida.

Con este poema también despides tu Arcadia que así pierdes

y en su homenaje evocas un rocío fecundo

que traiga a tu alma yerma la promesa de un nuevo mañana.

(poema 34.  8-12-16. J. Porro)

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