Igual que un ciego topo

Igual que un ciego topo

 

Igual que un ciego topo

cuándo  tu cuerpo queda trabado

y no sabe cómo  emerger a la luz,

tu alma incansable trabajadora

seguirá segando la hierba bajo tus pies,

como araña tejedora hilara y deshilara la red

donde estabas fijado atrapando musarañas.

 

Es así como vas creando las condiciones para salir

y enraizar tu deseo en el singular acto de

tejer tu existencia  sobre  tú  primordial vacío.

 

No sostiene tu vida ninguna otra verdad

ni  otro saber que el de asestar un tajo firme

en tu corazón endurecido, más no  encallado.

 

Tu cuerpo podría  haber sido un duro pedernal,

hueso duro de roer, de no haberlo hecho hablar

con el cortante filo la escritura para circunscribir,

ceñir tu agujero negro y desde la nada de tu ser

inventar el fuego,  las chispas de tu centelleante alma.

 

Este pálpito,  que hoy me inspira este poema,

abre en canal mi carne, e infunde a mi corazón agitado

más allá del  temblor y la ternura,  un deseo decidido

para abrir las compuertas de mi alma a la vida.

Hacer del goce opaco y ciego que invade de mi cuerpo

el camino más esclarecedor y  certero, sin atajo, de ir tejiendo,

reconstruyendo el dinamitado puente que conduce a la mujer.

 

Oh ciego Tiresias! ¿Acaso tú sabrías

como resolver la  paradójica existencia de

en el agujero traumatico que abre la Mujer

tener que erigir mi singular pedestal de luz y fuego

que anima mi razón de ser y la cura de mi vivir?

  1. Porro. Poema 29. 8-10-16.

 

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