Amor “Cirano”, no me dejes en paz

“Amadores desdichados que seguís milicia tal…”

(Déjame en paz, amor tirano. Luis de Gongora)

 

Amor “Cirano”, no me dejes en paz

 

Quién te mando adentrarte en

tan imposible oficio, en este mal negocio

del blasonar al viento, embestido por el eco

vibrante de la palabra en tu carne desnuda.

 

Quién te intimo a ser trovador contemporáneo

y  “juglar” a tejedor de palabras, sino el

deseo de ir conquistando  cada parte de su cuerpo

a sabiendas que su más preciada prenda

solo la alcanzas cuando te elevas

a vestir su alma guerrera con tus melladas heridas

ganadas en otras dignas,  perdidas batallas.

 

No me dejes en Paz, Amor Cirano, ven a soplarme

la carta de amor, a inspirarme este poema que

como mansa lluvia reaanima mi corazón ajado,

me dicta hoy sentencia y condena sin demora

a escribir en estado de excepción enamorado.

 

¡Ay amor, mi alma  llueve sobre tu mojada rodilla!

Es lo que tiene ser trovador, buscar a la mujer

y en su ausencia, acabarla encontrando

por su inalcanzable y dura Otra  orilla. (J.Porro. 20-5-16)

La práctica lacaniana en instituciones: la institución, una historia de encuentros, Daniel Roy.

La práctica lacaniana en instituciones:

la institución, una historia de encuentros, Daniel Roy

 

Lacan y el niño. La libertad del niño.

Lacan  ofrece a los psicoanalistas la posibilidad de hacer que los niños con los que se encuentran sean más libres. Por otro lado, abre la vía para permitir a cada niño explotar la parte más singular de lo que él es. De esta forma abre la puerta a cada psicoanalista para desprenderse de los ideales de la infancia, los de su propia infancia pero, sobre todo, de los que vehiculan los discursos de la época.

¿Con qué objeto? Con el de permitir conmover las identificaciones que tienen más valor para él, por ser las señales de un encuentro, encuentro con la absoluta alteridad o la de un goce que atraviesa el cuerpo. ¿Cómo? Siguiendo las huellas del hueco dejado por este encuentro en el corazón mismo de los dichos del niño, cuando lo educativo no prima para orientar su sentido.

Desde los comienzos con la Prematurización específica del nacimiento sitúa ahí el sedimento sobre el que va elevarse la dependencia imaginaria, dependencia subsumida por una dependencia simbólica (del Otro del lenguaje y de la palabra), que siempre precede al sujeto. Hasta el final de su enseñanza Lacan sostendrá que el niño “es hablado” por sus padres, aunque eso no signifique que “lalengua” constituya, en modo alguna, un patrimonio. Citando a Lacan: “Es la forma en que la lengua ha sido hablada y también oída por tal o cual particularidad, lo que luego aparecerá en sueños, en todo tipo de tropiezo, en todo tipo de maneras de decir”.

Con la pérdida de los objetos de su cuerpo (objeto oral, objeto anal, mirada, voz), que se desprenden de él y de los que él se desprende; el niño descubre nuevas modalidades para profundizar su mundo, a través de las pulsiones: apetito de vivir, sed de conocimientos, donaciones e intercambios.

La libertad del niño que recorre toda la obra de Lacan, es aquella por la cual puede tomar posición en cada uno de sus pasos. Siendo él mismo un objeto frágil arrojado al mundo, a la merced de todos los encuentros, el niño extrae de esta misma condición los recursos que le permiten, en las instituciones sociales de la propia infancia (la familia en primer lugar) “una relación fundada en la libertad.

 

El trabajo del niño.

El niño lacaniano es un trabajador. Trabaja a destajo para hacerse un cuerpo, afrontar lo que se espera de él, hacerse responsable de las cosas extrañas que le suceden. Es un constructor de formas, un descifrador de códigos, un aventurero en un mundo de agujeros y aristas, del cual cosecha heridas y chichones. ¿Debemos pensar que esto le traumatiza? Lacan no rechaza el término freudiano: “Como traumatismo, no hay otro, ¡el hombre nace malentendido!”

También es un constructor habilidoso. Lacan nos hace descubrir en su lectura del caso Juanito. El niño lacaniano puesto a trabajar, desatornilla al padre freudiano, siempre religioso en el fondo, y lo reduce a su título de “antiguo genitor”. Se trata, en efecto, de que pueda servir a otra cosa, dando la versión (que es la suya) de su encuentro con una mujer.

En su trabajo el niño lacaniano nos enseña que la madre no es únicamente “la sede elegida de las prohibiciones” para el niño, sino que ella instituye para él la “mascarada”; ella enseña a su pequeño a pavonearse.

 

La suerte del niño.

Toda la obra de Lacan exhorta al niño a aprovechar su oportunidad. Oportunidad paradójica que se presenta a menudo bajo la forma del fracaso, del traspié, del demasiado o no suficiente; elementos que un psicoanalista acoge con respeto para elevarlas a la condición del síntoma. Lacan dice de Gide: “Por muy enclenque que sea su singularidad, él se interesa en ella, y el mundo que agita para ella, está en ella interesado.

 

                                                                                                       Valencia 10 de mayo de 2016

                                                                                           Resumen realizado por Javier Porro.

 

Eres mi asignatura pendiente

Eres mi asignatura pendiente

 

Por ti atiendo tu noble y única materia,

no siendo una “maría” más

si no  río de luz por donde pasa la vida.

 

En tu contenido pongo mi escucha más seria

y en el continente de tu cuerpo mis  ojos

contentos navegan hacia tu alma-ría

sin desvariar su curso.

 

Es menester que el ser, siendo

de condición menesterosa e indigente,

sepa no ser indiferente a  dejar que la vida se esfume,

dejarse asaltar por el asombro y la contingencia

y transformar la avería irreparable del vivir en precario

en riqueza de palabras inspiradas en tu agradecida materia.

 

Eres mi más tonificante resaca,

mi pecado y su más merecida penitencia,

por ello hoy elevo esta plegaria y entono tres ave-marías

dejando que mi corazón vuele como libro abierto

marcado por la signatura del estar colgado a la vida.  (Poema 22.  5-5-16)