Seminario del ICF “La angustia” de J. Lacan.Impartido por Rosa Lopez.

Seminario del instituto del campo Freudiano

Seminario X “La angustia” de J. Lacan.

 

Cap. XVI: Los párpados de Buda.

Cap. XVII: La boca y el ojo.

Cap. XVIII: La voz de Yahvé.

 

Capítulos impartidos por: Rosa López (16-4-16)

Transcripción libre realizada por: Javier Porro.

 

En estos capítulos hace emerger el organismo en relación con órganos separados del cuerpo, despojos del cuerpo tales como envolturas embrionarias, el pezón separado, la placenta, etc. Cualquier órgano que al separarse de la imagen unificadora cobra un carácter repulsivo, real. P.ej.; los pelos o las uñas cortadas pueden resultar bellos si forman parte de un bonito  peinado o unas uñas pintadas pero si te los encuentras en la sopa o en sumidero de la ducha producen  repugnancia. ¿Por qué? Separados del marco imaginario y simbólico, toman un estatuto de deshecho que retorna provocando la angustia, pedazos que tienen retorno en lo real, pero también en causa de deseo.

Son tres capítulos complejos en los que voy a tratar de transmitir mi lectura del asunto. El objeto del seminario de la angustia es tomado como un trayecto para llegar al objeto a, siendo la angustia un fenómeno que escapa al significante pero es una vía de acceso a lo real. Seguiremos la brújula siguiente para fijar ideas.

  • Se parte de la división del sujeto como si fuera una división matemática, S el sujeto mítico va colocado en el lugar del dividendo, A en el divisor en tanto es atravesado por el Otro, S barrado en el cociente como sujeto dividido y arrojando un resto  que es el a,  que nunca da una operación exacta en tanto proceso que deja un resto fuera del campo significante.
  • Alrededor del resto gira todo el drama del deseo. La angustia ilustra el funcionamiento del deseo, el resto sirve para causar el deseo.
  • Sólo a través de la angustia podemos acceder a este drama, la angustia ilumina el deseo que de otro modo permanecería opaco.

Hasta este  seminario el peso recaía sobre el S1 S2 de la cadena significante, teníamos un S tachado y el deseo estaría en la metonimia de los significantes, y entre los intervalos  de la cadena significante se aloja el objeto a: S1 (a) S2 (a) S3…

Lacan llega a decir que la historia de la filosofía ha estado buscando siempre la causa última sin encontrarla, y Lacan cree haberla descubierto colocando al  objeto a en el lugar de la CAUSA. El sujeto indeterminado entre los significantes, es un sujeto como pura falta en ser, vaciado de toda sustancia y que ha de pasar por los vericuetos del lenguaje.

Ahora nos encontramos con el cuerpo, pero no en forma  imaginaria ni en su forma simbólica como mortificación por el significante, sino con el cuerpo como organismo. Incursionar en el mundo de los animales es otra lógica diferente del instinto, pero ahora el significante conlleva que el falo en su potencia queda  degradado y todo el aparato del estadio del espejo comienza a resquebrajarse.

Pero la incursión al mundo animal puede producir malentendido, es un resto producto de la operación simbólica pero al  no entrar en el significante podría malinterpretarse como un resto natural, cuando no hay en esta operación ningún naturalismo instintivo. Hay un culturalismo como se deduce para ilustrar la circuncisión y el sonido del shofar que tienen que ver con rancias tradiciones culturales. El objeto a no tiene nada que ver con lo biológico ni lo natural.

  1. Rank con su teoría del trauma del nacimiento que Lacan retoma pero haciendo un giro y colocarla en la serie de Freud y Reik para señalar el desamparo original, el nacimiento como paradigma de la angustia, pero abandona la primacía de ésta ligada a la castración, al falo y al complejo de Edipo.

Retoma la angustia de nacimiento para sacar el peso a la angustia de castración, toma distancia respecto de la castración simbólica e imaginaria. El lugar central de la castración es en relación a como se forma el  objeto a.  En pag.232, “Nuestro vocabulario ha promovido para este objeto el término de objetalidad como opuesto al de objetividad. Para condensar esta oposición en fórmulas rápidas, diremos que la objetividad es el término último  del pensamiento científico occidental, el correlato de una razón pura…que se articula en un formalismo lógico…Para darles el relieve de su punto crucial…diré que la objetalidad es el correlato de un pathos de corte”.

¿De qué se trata en el pathos de corte? Es el cuerpo, pero ¿quién produce el corte? Corte producido por el significante, se produce en la anatomía del cuerpo pero por el significante. Lacan se interesa por la anatomía en la medida que implica la función del corte siempre referido a la palabra, en el lugar donde la palabra fracasa. No enfatiza la función del rasgo significante, el S1 como aquello que permite captar los determinantes fundamentales del sujeto y que tienen que ir cayendo en el análisis, las identificaciones primordiales que nos han marcado y que han de irse reduciendo o cayendo en el análisis.

La función del corte consiste en la separación, un trozo del cuerpo que no pasa ni a la imagen ni al campo simbólico y se convierte en la causa del deseo. El significante en lugar de mortificar al cuerpo o la forma adorada del cuerpo, nos encontramos con las particularidades anatómicas del organismo.

La función del corte está pensada para que el analista presentifique un semblante del objeto a, ponga en juego el objeto a.  Cuando el analista corta la sesión es sobre todo  para presentificar el objeto a en la cura, en la presencia del objeto encarnada por el analista. Miller en pag.197 de los signos del goce nos habla de la escansión dónde el sujeto es llevado a su separación y diferencia entre interpretación y lo que denomina ese acto mayor consistente en cortar la sesión. Se pueden dar varios ejemplos según el lugar que ocupa el analista para el analizante, p. ej.: si encarna la mierda va en la dirección de producir una sesión más corta, si es el seno se puede demorar un ratito más, etc.

Lacan se desembaraza de la primacía de lo simbólico, pero también de la prisión fálica para producir el objeto a y dar cuerpo al goce, pedazos extraídos del organismo  que son tomados como fragmentos de lo real. Donde estaba el símbolo menos fi de la castración nos encontramos con el órgano peneano, examina el asunto del órgano fálico, el pene como órgano que pasa de la tumescencia a la detumescencia, el órgano en tanto goce limitado en su fugacidad.

Esta cuestión del órgano fálico siempre gravita sobre otro que quiere mi mal, la madre devoradora, cocodrilo… y en este sentido la detumescencia en una etapa anterior era entendida como la operación de otro que ejerce esta amenaza sobre el sujeto, pero ahora en el seminario de la angustia es el propio órgano el que se convierte  en Otro y la detumescencia no depende de ningún agente externo. Es otro modo de ver la castración, ya no es la cuestión del niño y su temor a perder el pito, sino los avatares de ese órgano siempre imprevisible en su funcionamiento. Es el propio órgano el que está castrado siempre.

A la lista de los objetos a de Freud, Lacan añade el objeto escópico e invocante. Señalo esta cita para diferenciar lo específico de estos objetos “tanto el objeto escópico y vocal no pueden insertarse en ningún estadio evolutivo”. El objeto escópico atraviesa los tres capítulos que estamos abordando y la función que cumple es la de dirimir la relación del Sujeto con el Otro, pero ahora en esta relación ponemos un intermediario entre ambos términos que es “a”. Tenemos un mandato significante que proviene del Otro dirigido al Sujeto pero entre medio se interpone a, como mandato libidinal. Por fin Lacan toma la pulsión de Freud y la libido que había quedado relegada a un segundo plano.

El deseo está vinculado a la función de corte, a determinada relación con la función del resto y a la función analítica. En el capítulo XVI “los párpados de Buda” trata del tema de la circuncisión, propicio para tomar los rituales simbólicos, las rancias tradiciones con un fuerte carácter simbólico, pero a Lacan le interesa el valor real de la separación de una parte del cuerpo. Ese trozo de pellejo es del mismo orden  que el objeto a. Tiene las cualidades de lo “extimo” siendo a la vez lo más íntimo y lo más extraño.  (pag.242): “Si lo más yo mismo que hay está en el exterior, no tanto porque yo lo haya proyectado como porque ha sido separado de mí, las vías que tomaré para su recuperación ofrecen una variedad muy diferente”

Miller en su seminario sobre la angustia establece una diferencia entre separación y castración. La separación es del orden de la automutilación y la castración de la heteromutilación. Primero la separación y en segundo lugar la castración ya es una elucubración de saber, producir un relato, un saber sobre la separación original.

Lacan interrumpió el seminario y viajó a Japón y se introdujo en el budismo no solo desde las referencias teóricas que ya poseía sino también extrayendo “in situ” de un modo práctico lo que trata de transmitir al auditorio para ilustrar la relación entre la angustia y el deseo. Una relación desde la función de la causa, buscada desde siempre por la filosofía sin alcanzarla o reducirla, desde el Primer Motor Inmóvil de Aristóteles, Descartes, etc.  Se ha querido encontrar la Causa de las causas, pero están dice Lacan, sordos y ciegos respecto de la causalidad. (pag.233) “Pues bien, si dicha causa  demuestra ser tan irreductible, es en la medida en que se superpone, es idéntica en su función a lo que aquí les enseño este año a circunscribir y a manejar como aquella parte de nosotros mismo, aquella parte de nuestra carne, que permanece necesariamente atrapada en la máquina formal, algo sin lo cual el formalismo lógico no sería para nosotros absolutamente nada.”

Lacan plantea que la certeza esencialista  de la idea perfecta es siempre engañosa, pero si la búsqueda de esa esencia se ha mantenido es porque hay una sombra latente que impide que esta búsqueda caiga. La sombra es la certeza de la angustia, se mantiene porque la certeza de la angustia no engaña ya que tiene que ver con la presencia del objeto a.

En el fantasma hay conocimiento. Tiene cierta relación con el formalismo lógico, al instaurar un marco para nuestro pensamiento que permite velar lo real. A cambio de este marco que nos protege de la experiencia real directa pagamos el precio de una libra de carne. Algo arrancado de nuestro cuerpo, irremediablemente perdido por nuestro ingreso en el lenguaje.

Esta operación es la que tiene lugar si tomamos un folio y recortamos un rectángulo inscrito en el mismo, este trozo rectangular extraído se asemeja al objeto a, la libra de carne que trataremos de recuperar. Es el corte que instaura la falta y se me ha quedado el marco que es el fantasma.

La circuncisión ofrece la imagen más lograda de ese corte en ser, y puede el sujeto como efecto del corte y el objeto como causa, corte que procede de uno pero que sin embargo se busca en el Otro ya sea el partenaire, el analista, quién sea que me lo pueda proporcionar. (pag.233) “la parte de nosotros mismos que está atrapada en la máquina y que es irrecuperable por siempre jamás. Objeto perdido en los distintos niveles de la experiencia corporal donde se produce su corte, él es soporte, el substrato auténtico, de toda función de la causa.”…”Esa parte corporal de nosotros mismos es, esencialmente y por su función, parcial. Conviene recordar que es cuerpo, y que nosotros somos objetales, lo cual significa que sólo somos objetos del deseo en cuanto cuerpos…El deseo sigue siendo siempre en último término deseo del cuerpo, deseo del cuerpo del Otro, y únicamente deseo de su cuerpo”

El amor nos hace buscar algo puramente espiritual, ideal, más allá del sexo “es tu corazón lo que quiero y nada más” que como metáfora del amor simboliza un más allá, pero en definitiva al arrancar al otro la parte del cuerpo que a uno le falta y tiene más que ver con la tripa que con lo sublime. (pag. 234): “En esta fórmula, como en cualquier otra metáfora de órgano, el corazón debe ser tomado al pie de la letra. Funciona como una parte del cuerpo, por así decir, como tripa.”

Esta experiencia corporal la vemos en la clínica histérica, en la clínica de la psicosis. Este es el caso de una paciente que teme que el marido le quite la custodia. En un momento cuando estaba embarazada al verle su tripa le hizo el siguiente comentario “¡Qué rico está el niño!” Esto le hizo pensar que el marido podía comerse al niño. Se ve a cielo abierto la emergencia de lo real en lo que tendría que ser una metáfora. En la psicosis no funciona el fantasma.

¿Cuál es la causa del deseo? Los ideales, especialmente los religiosos, se organizan para Lacan según el fantasma. Un sujeto al que le falta algo emprende la busca del objeto perdido, pero en realidad el encuentro está relacionado con lo que el otro tiene de señuelo y conlleva una  huida hacia adelante. Mientras el fantasma está funcionando el objeto a está borrado, en “afanisis” actuando como causa oculta. En el momento de la angustia se produce la irrupción del objeto y se rompe el marco del fantasma. Hay que señalar que el objeto a no está reprimido, porque lo que se reprime es del orden del significante, sino que está sincopado, elidido, no es susceptible de ser reprimido.

Referente a la función del fantasma (pag.237) “¿De qué naturaleza es este conocimiento que hay ya en el fantasma? No es más que esto –el hombre que habla, el sujeto en tanto que habla, está ya implicado por esta palabra en su cuerpo. La raíz del conocimiento es este compromiso con el cuerpo”. Se trata de algo separado del cuerpo por el compromiso con el significante. Para ello Lacan se inspiró en el Mercader de Venecia en donde Antonio ha de pagar su deuda con Shylock,

(Pag.238) “lo que está en juego en el pacto no puede ser y  no es más que la libra de carne, que deber ser tomada, como dice el texto de El Mercader, de muy cerca del corazón”

“Sólo quiero tu corazón” cobra un carácter real, el fantasma que lo real es insoportable, está separado del campo del placer y se caracteriza por su desexualización por la emergencia de lo  real que debería estar velado por el fantasma. El asco en la histeria, sugiere ya una defensa frente a lo insoportable. Cuando cae en la desexualización se convierte en un puro paquete de carne, un animal muerto, una piltrafa porque se ha deserotizado. Por medio del fantasma se erotiza, sexualiza el objeto, velando la cara repugnante.

El objeto da la tonalidad, el estilo del fantasma, pero también una modalidad de angustia y Lacan establece donde está el deseo y donde la angustia, P.ej.: en el objeto oral la angustia está en el Otro materno y el objeto, el deseo en el seno. En el objeto escópico, la función del engaño es más manifiesta que en los otros niveles, cuando está en juego lo especular no hay nada separado del cuerpo, el cuerpo está completo, no puedo ver lo que allí estoy siendo, le produce el efecto de seducción, fascinación, lo ilusorio se puede descomponer con introducir solo la pequeña mancha que desgarra la unidad imaginaria. (pag.274) “Para revelar lo que tiene de apariencia el carácter satisfactorio de la forma en cuanto tal, incluso de la idea en tanto enraizada en el eidos visual, para ver cómo se desgarra lo que esto tiene de ilusorio, basta con introducir una mancha en el campo visual…para dar un soporte a lo que quiero hacerles entender, diré que basta con una mancha para desempeñar la función del lunar”

El lunar en un bello rostro, más que el lunar mancilla es el lunar el que me mira o la lata en el mar, que es bien diferente  a ser mirado por el partenaire como recompensa narcisista, pero el tema es que lo que nos mira no son sus ojos espejos, sino el lunar que actúa como un gozne que causa el deseo, pero gira y se convierte en una mirada que interpela severamente perdiendo su identidad, sus insignias, y experimentando lo irrepresentable produce extrañeza y la alteridad lo alcanza en su división radical. Un ejemplo es el caso de un paciente obsesivo fascinado con los hoyuelos de la cara de su partenaire hasta que lo espantaron y quiso salir huyendo.

¿Qué es lo que nos mira? El blanco del ojo del ciego, el monstruo marino que aparece en la película de La dolce vita en el último momento del fantasmático film y también los tatuajes de las indias. La mancha ciega, la lata, etc, nos producen angustia ya que no hay deseo que no conlleve un componente de angustia. (pag.274):”He aquí por lo que somos más mirados, y que muestra de qué modo la angustia emerge en la visión en el lugar del deseo gobernado por a” (pag.190): “El tiempo de la angustia no está ausente en la constitución del deseo, aunque esté elidido, aunque no sea perceptible en lo concreto”

La función de la mirada se relaciona con lo que los místicos miraron más allá de la apariencia. La fascinación no es lo mismo que la seducción imaginaria, en está podíamos situar el deseo consciente, intencional y en la fascinación es el deseo inconsciente, el deseo fascinado.  Este deseo es enigmático, el sujeto desaparece, se deja absorber  por la mirada que viene del exterior, el arrobamiento contemplando la imagen del buda. Un punto cero que hace que todo quede apaciguado en la contemplación. Por ejemplo en la naturaleza los atardeceres para ese instante donde se suspende el desgarro de la existencia.

Se podría confiar en un campo apolíneo donde el objeto a queda identificado con el punto cero. El ideal del budismo zen Lacan no lo comparte, el punto de deseo y la angustia confluyen aunque no se confunden. Así vemos como coinciden la angustia y la fascinación en un paciente que en el estado de contemplación del espejismo de la belleza, disminuían el tormento de las obsesiones y cesaba el dolor, pero se transformaba esta sensación en un sentir angustioso de no pintar nada, de estar a título de mancha y reducido a una vana existencia, y a continuación se produce una pasaje al acto de la borrachera.

La boca y el ojo. Lacan se está separando de Freud y toma el objeto a como el objeto al que retornó después del tope de la castración. La boca, los labios, los fonemas, establecen una relación entre el trauma del destete y el trauma del nacimiento. El dolor de existir no se puede compensar como perdida originaria  de ser arrojado al mundo.

(pag.253) “función ambigua en la que interviene este órgano amboceptor que es la mama” Tenemos el seno como órgano amboceptor y el objeto a como dos círculos de Euler se sitúa en la intersección el seno, pero recortando esa uñita hay un doble corte del lado del niño y del lado de la madre.

La parte agresiva del estadio oral, el vampirismo. La angustia nos revela la verdad de la madre en tanto cocodrilo que nos devora, y el bebé como parásito que la devora. El seno como amboceptor se sitúa entre el niño y el goce de la madre.

La voz de Yahvé. El objeto invocante se relaciona con el Otro paterno, con el superyó, pero no es un padre  normativo sino un padre que exhorta a gozar. El shofar como un objeto ritual sirve para ejemplificar el objeto a no como natural sino cultural. Es un cuerno que liga a Yahvé con el pueblo elegido. Un objeto altamente simbólico, pero también es el cuerno de un carnero que cobra otro valor, es un sonido más parecido al bramido de Dios. T.Reik lo relaciona con el bramido de un toro ligado a tótem y tabú. Lacan quiere ir más allá no es la muerte del padre, más acá está el objeto a. Los mitos son elucubraciones de saber. Para Lacan no hay padre, lo que escucha no es otra cosa que el superyó y no solo no prohíbe sino que exhorta a gozar.

(pag.272): “¿De qué objeto se trata? De lo que llaman la voz. La conocemos bien, creemos conocerla bien, con la excusa de que conocemos sus deshechos, sus hojas muertas, en las voces extraviadas de la psicosis y su carácter parasitario, en forma de imperativos interrumpidos del superyó.

Valencia 19 de Abril de 201

Javier Porro.

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