Seminario del ICF “La angustia” de J. Lacan.Impartido por Rosa Lopez.

Seminario del instituto del campo Freudiano

Seminario X “La angustia” de J. Lacan.

 

Cap. XVI: Los párpados de Buda.

Cap. XVII: La boca y el ojo.

Cap. XVIII: La voz de Yahvé.

 

Capítulos impartidos por: Rosa López (16-4-16)

Transcripción libre realizada por: Javier Porro.

 

En estos capítulos hace emerger el organismo en relación con órganos separados del cuerpo, despojos del cuerpo tales como envolturas embrionarias, el pezón separado, la placenta, etc. Cualquier órgano que al separarse de la imagen unificadora cobra un carácter repulsivo, real. P.ej.; los pelos o las uñas cortadas pueden resultar bellos si forman parte de un bonito  peinado o unas uñas pintadas pero si te los encuentras en la sopa o en sumidero de la ducha producen  repugnancia. ¿Por qué? Separados del marco imaginario y simbólico, toman un estatuto de deshecho que retorna provocando la angustia, pedazos que tienen retorno en lo real, pero también en causa de deseo.

Son tres capítulos complejos en los que voy a tratar de transmitir mi lectura del asunto. El objeto del seminario de la angustia es tomado como un trayecto para llegar al objeto a, siendo la angustia un fenómeno que escapa al significante pero es una vía de acceso a lo real. Seguiremos la brújula siguiente para fijar ideas.

  • Se parte de la división del sujeto como si fuera una división matemática, S el sujeto mítico va colocado en el lugar del dividendo, A en el divisor en tanto es atravesado por el Otro, S barrado en el cociente como sujeto dividido y arrojando un resto  que es el a,  que nunca da una operación exacta en tanto proceso que deja un resto fuera del campo significante.
  • Alrededor del resto gira todo el drama del deseo. La angustia ilustra el funcionamiento del deseo, el resto sirve para causar el deseo.
  • Sólo a través de la angustia podemos acceder a este drama, la angustia ilumina el deseo que de otro modo permanecería opaco.

Hasta este  seminario el peso recaía sobre el S1 S2 de la cadena significante, teníamos un S tachado y el deseo estaría en la metonimia de los significantes, y entre los intervalos  de la cadena significante se aloja el objeto a: S1 (a) S2 (a) S3…

Lacan llega a decir que la historia de la filosofía ha estado buscando siempre la causa última sin encontrarla, y Lacan cree haberla descubierto colocando al  objeto a en el lugar de la CAUSA. El sujeto indeterminado entre los significantes, es un sujeto como pura falta en ser, vaciado de toda sustancia y que ha de pasar por los vericuetos del lenguaje.

Ahora nos encontramos con el cuerpo, pero no en forma  imaginaria ni en su forma simbólica como mortificación por el significante, sino con el cuerpo como organismo. Incursionar en el mundo de los animales es otra lógica diferente del instinto, pero ahora el significante conlleva que el falo en su potencia queda  degradado y todo el aparato del estadio del espejo comienza a resquebrajarse.

Pero la incursión al mundo animal puede producir malentendido, es un resto producto de la operación simbólica pero al  no entrar en el significante podría malinterpretarse como un resto natural, cuando no hay en esta operación ningún naturalismo instintivo. Hay un culturalismo como se deduce para ilustrar la circuncisión y el sonido del shofar que tienen que ver con rancias tradiciones culturales. El objeto a no tiene nada que ver con lo biológico ni lo natural.

  1. Rank con su teoría del trauma del nacimiento que Lacan retoma pero haciendo un giro y colocarla en la serie de Freud y Reik para señalar el desamparo original, el nacimiento como paradigma de la angustia, pero abandona la primacía de ésta ligada a la castración, al falo y al complejo de Edipo.

Retoma la angustia de nacimiento para sacar el peso a la angustia de castración, toma distancia respecto de la castración simbólica e imaginaria. El lugar central de la castración es en relación a como se forma el  objeto a.  En pag.232, “Nuestro vocabulario ha promovido para este objeto el término de objetalidad como opuesto al de objetividad. Para condensar esta oposición en fórmulas rápidas, diremos que la objetividad es el término último  del pensamiento científico occidental, el correlato de una razón pura…que se articula en un formalismo lógico…Para darles el relieve de su punto crucial…diré que la objetalidad es el correlato de un pathos de corte”.

¿De qué se trata en el pathos de corte? Es el cuerpo, pero ¿quién produce el corte? Corte producido por el significante, se produce en la anatomía del cuerpo pero por el significante. Lacan se interesa por la anatomía en la medida que implica la función del corte siempre referido a la palabra, en el lugar donde la palabra fracasa. No enfatiza la función del rasgo significante, el S1 como aquello que permite captar los determinantes fundamentales del sujeto y que tienen que ir cayendo en el análisis, las identificaciones primordiales que nos han marcado y que han de irse reduciendo o cayendo en el análisis.

La función del corte consiste en la separación, un trozo del cuerpo que no pasa ni a la imagen ni al campo simbólico y se convierte en la causa del deseo. El significante en lugar de mortificar al cuerpo o la forma adorada del cuerpo, nos encontramos con las particularidades anatómicas del organismo.

La función del corte está pensada para que el analista presentifique un semblante del objeto a, ponga en juego el objeto a.  Cuando el analista corta la sesión es sobre todo  para presentificar el objeto a en la cura, en la presencia del objeto encarnada por el analista. Miller en pag.197 de los signos del goce nos habla de la escansión dónde el sujeto es llevado a su separación y diferencia entre interpretación y lo que denomina ese acto mayor consistente en cortar la sesión. Se pueden dar varios ejemplos según el lugar que ocupa el analista para el analizante, p. ej.: si encarna la mierda va en la dirección de producir una sesión más corta, si es el seno se puede demorar un ratito más, etc.

Lacan se desembaraza de la primacía de lo simbólico, pero también de la prisión fálica para producir el objeto a y dar cuerpo al goce, pedazos extraídos del organismo  que son tomados como fragmentos de lo real. Donde estaba el símbolo menos fi de la castración nos encontramos con el órgano peneano, examina el asunto del órgano fálico, el pene como órgano que pasa de la tumescencia a la detumescencia, el órgano en tanto goce limitado en su fugacidad.

Esta cuestión del órgano fálico siempre gravita sobre otro que quiere mi mal, la madre devoradora, cocodrilo… y en este sentido la detumescencia en una etapa anterior era entendida como la operación de otro que ejerce esta amenaza sobre el sujeto, pero ahora en el seminario de la angustia es el propio órgano el que se convierte  en Otro y la detumescencia no depende de ningún agente externo. Es otro modo de ver la castración, ya no es la cuestión del niño y su temor a perder el pito, sino los avatares de ese órgano siempre imprevisible en su funcionamiento. Es el propio órgano el que está castrado siempre.

A la lista de los objetos a de Freud, Lacan añade el objeto escópico e invocante. Señalo esta cita para diferenciar lo específico de estos objetos “tanto el objeto escópico y vocal no pueden insertarse en ningún estadio evolutivo”. El objeto escópico atraviesa los tres capítulos que estamos abordando y la función que cumple es la de dirimir la relación del Sujeto con el Otro, pero ahora en esta relación ponemos un intermediario entre ambos términos que es “a”. Tenemos un mandato significante que proviene del Otro dirigido al Sujeto pero entre medio se interpone a, como mandato libidinal. Por fin Lacan toma la pulsión de Freud y la libido que había quedado relegada a un segundo plano.

El deseo está vinculado a la función de corte, a determinada relación con la función del resto y a la función analítica. En el capítulo XVI “los párpados de Buda” trata del tema de la circuncisión, propicio para tomar los rituales simbólicos, las rancias tradiciones con un fuerte carácter simbólico, pero a Lacan le interesa el valor real de la separación de una parte del cuerpo. Ese trozo de pellejo es del mismo orden  que el objeto a. Tiene las cualidades de lo “extimo” siendo a la vez lo más íntimo y lo más extraño.  (pag.242): “Si lo más yo mismo que hay está en el exterior, no tanto porque yo lo haya proyectado como porque ha sido separado de mí, las vías que tomaré para su recuperación ofrecen una variedad muy diferente”

Miller en su seminario sobre la angustia establece una diferencia entre separación y castración. La separación es del orden de la automutilación y la castración de la heteromutilación. Primero la separación y en segundo lugar la castración ya es una elucubración de saber, producir un relato, un saber sobre la separación original.

Lacan interrumpió el seminario y viajó a Japón y se introdujo en el budismo no solo desde las referencias teóricas que ya poseía sino también extrayendo “in situ” de un modo práctico lo que trata de transmitir al auditorio para ilustrar la relación entre la angustia y el deseo. Una relación desde la función de la causa, buscada desde siempre por la filosofía sin alcanzarla o reducirla, desde el Primer Motor Inmóvil de Aristóteles, Descartes, etc.  Se ha querido encontrar la Causa de las causas, pero están dice Lacan, sordos y ciegos respecto de la causalidad. (pag.233) “Pues bien, si dicha causa  demuestra ser tan irreductible, es en la medida en que se superpone, es idéntica en su función a lo que aquí les enseño este año a circunscribir y a manejar como aquella parte de nosotros mismo, aquella parte de nuestra carne, que permanece necesariamente atrapada en la máquina formal, algo sin lo cual el formalismo lógico no sería para nosotros absolutamente nada.”

Lacan plantea que la certeza esencialista  de la idea perfecta es siempre engañosa, pero si la búsqueda de esa esencia se ha mantenido es porque hay una sombra latente que impide que esta búsqueda caiga. La sombra es la certeza de la angustia, se mantiene porque la certeza de la angustia no engaña ya que tiene que ver con la presencia del objeto a.

En el fantasma hay conocimiento. Tiene cierta relación con el formalismo lógico, al instaurar un marco para nuestro pensamiento que permite velar lo real. A cambio de este marco que nos protege de la experiencia real directa pagamos el precio de una libra de carne. Algo arrancado de nuestro cuerpo, irremediablemente perdido por nuestro ingreso en el lenguaje.

Esta operación es la que tiene lugar si tomamos un folio y recortamos un rectángulo inscrito en el mismo, este trozo rectangular extraído se asemeja al objeto a, la libra de carne que trataremos de recuperar. Es el corte que instaura la falta y se me ha quedado el marco que es el fantasma.

La circuncisión ofrece la imagen más lograda de ese corte en ser, y puede el sujeto como efecto del corte y el objeto como causa, corte que procede de uno pero que sin embargo se busca en el Otro ya sea el partenaire, el analista, quién sea que me lo pueda proporcionar. (pag.233) “la parte de nosotros mismos que está atrapada en la máquina y que es irrecuperable por siempre jamás. Objeto perdido en los distintos niveles de la experiencia corporal donde se produce su corte, él es soporte, el substrato auténtico, de toda función de la causa.”…”Esa parte corporal de nosotros mismos es, esencialmente y por su función, parcial. Conviene recordar que es cuerpo, y que nosotros somos objetales, lo cual significa que sólo somos objetos del deseo en cuanto cuerpos…El deseo sigue siendo siempre en último término deseo del cuerpo, deseo del cuerpo del Otro, y únicamente deseo de su cuerpo”

El amor nos hace buscar algo puramente espiritual, ideal, más allá del sexo “es tu corazón lo que quiero y nada más” que como metáfora del amor simboliza un más allá, pero en definitiva al arrancar al otro la parte del cuerpo que a uno le falta y tiene más que ver con la tripa que con lo sublime. (pag. 234): “En esta fórmula, como en cualquier otra metáfora de órgano, el corazón debe ser tomado al pie de la letra. Funciona como una parte del cuerpo, por así decir, como tripa.”

Esta experiencia corporal la vemos en la clínica histérica, en la clínica de la psicosis. Este es el caso de una paciente que teme que el marido le quite la custodia. En un momento cuando estaba embarazada al verle su tripa le hizo el siguiente comentario “¡Qué rico está el niño!” Esto le hizo pensar que el marido podía comerse al niño. Se ve a cielo abierto la emergencia de lo real en lo que tendría que ser una metáfora. En la psicosis no funciona el fantasma.

¿Cuál es la causa del deseo? Los ideales, especialmente los religiosos, se organizan para Lacan según el fantasma. Un sujeto al que le falta algo emprende la busca del objeto perdido, pero en realidad el encuentro está relacionado con lo que el otro tiene de señuelo y conlleva una  huida hacia adelante. Mientras el fantasma está funcionando el objeto a está borrado, en “afanisis” actuando como causa oculta. En el momento de la angustia se produce la irrupción del objeto y se rompe el marco del fantasma. Hay que señalar que el objeto a no está reprimido, porque lo que se reprime es del orden del significante, sino que está sincopado, elidido, no es susceptible de ser reprimido.

Referente a la función del fantasma (pag.237) “¿De qué naturaleza es este conocimiento que hay ya en el fantasma? No es más que esto –el hombre que habla, el sujeto en tanto que habla, está ya implicado por esta palabra en su cuerpo. La raíz del conocimiento es este compromiso con el cuerpo”. Se trata de algo separado del cuerpo por el compromiso con el significante. Para ello Lacan se inspiró en el Mercader de Venecia en donde Antonio ha de pagar su deuda con Shylock,

(Pag.238) “lo que está en juego en el pacto no puede ser y  no es más que la libra de carne, que deber ser tomada, como dice el texto de El Mercader, de muy cerca del corazón”

“Sólo quiero tu corazón” cobra un carácter real, el fantasma que lo real es insoportable, está separado del campo del placer y se caracteriza por su desexualización por la emergencia de lo  real que debería estar velado por el fantasma. El asco en la histeria, sugiere ya una defensa frente a lo insoportable. Cuando cae en la desexualización se convierte en un puro paquete de carne, un animal muerto, una piltrafa porque se ha deserotizado. Por medio del fantasma se erotiza, sexualiza el objeto, velando la cara repugnante.

El objeto da la tonalidad, el estilo del fantasma, pero también una modalidad de angustia y Lacan establece donde está el deseo y donde la angustia, P.ej.: en el objeto oral la angustia está en el Otro materno y el objeto, el deseo en el seno. En el objeto escópico, la función del engaño es más manifiesta que en los otros niveles, cuando está en juego lo especular no hay nada separado del cuerpo, el cuerpo está completo, no puedo ver lo que allí estoy siendo, le produce el efecto de seducción, fascinación, lo ilusorio se puede descomponer con introducir solo la pequeña mancha que desgarra la unidad imaginaria. (pag.274) “Para revelar lo que tiene de apariencia el carácter satisfactorio de la forma en cuanto tal, incluso de la idea en tanto enraizada en el eidos visual, para ver cómo se desgarra lo que esto tiene de ilusorio, basta con introducir una mancha en el campo visual…para dar un soporte a lo que quiero hacerles entender, diré que basta con una mancha para desempeñar la función del lunar”

El lunar en un bello rostro, más que el lunar mancilla es el lunar el que me mira o la lata en el mar, que es bien diferente  a ser mirado por el partenaire como recompensa narcisista, pero el tema es que lo que nos mira no son sus ojos espejos, sino el lunar que actúa como un gozne que causa el deseo, pero gira y se convierte en una mirada que interpela severamente perdiendo su identidad, sus insignias, y experimentando lo irrepresentable produce extrañeza y la alteridad lo alcanza en su división radical. Un ejemplo es el caso de un paciente obsesivo fascinado con los hoyuelos de la cara de su partenaire hasta que lo espantaron y quiso salir huyendo.

¿Qué es lo que nos mira? El blanco del ojo del ciego, el monstruo marino que aparece en la película de La dolce vita en el último momento del fantasmático film y también los tatuajes de las indias. La mancha ciega, la lata, etc, nos producen angustia ya que no hay deseo que no conlleve un componente de angustia. (pag.274):”He aquí por lo que somos más mirados, y que muestra de qué modo la angustia emerge en la visión en el lugar del deseo gobernado por a” (pag.190): “El tiempo de la angustia no está ausente en la constitución del deseo, aunque esté elidido, aunque no sea perceptible en lo concreto”

La función de la mirada se relaciona con lo que los místicos miraron más allá de la apariencia. La fascinación no es lo mismo que la seducción imaginaria, en está podíamos situar el deseo consciente, intencional y en la fascinación es el deseo inconsciente, el deseo fascinado.  Este deseo es enigmático, el sujeto desaparece, se deja absorber  por la mirada que viene del exterior, el arrobamiento contemplando la imagen del buda. Un punto cero que hace que todo quede apaciguado en la contemplación. Por ejemplo en la naturaleza los atardeceres para ese instante donde se suspende el desgarro de la existencia.

Se podría confiar en un campo apolíneo donde el objeto a queda identificado con el punto cero. El ideal del budismo zen Lacan no lo comparte, el punto de deseo y la angustia confluyen aunque no se confunden. Así vemos como coinciden la angustia y la fascinación en un paciente que en el estado de contemplación del espejismo de la belleza, disminuían el tormento de las obsesiones y cesaba el dolor, pero se transformaba esta sensación en un sentir angustioso de no pintar nada, de estar a título de mancha y reducido a una vana existencia, y a continuación se produce una pasaje al acto de la borrachera.

La boca y el ojo. Lacan se está separando de Freud y toma el objeto a como el objeto al que retornó después del tope de la castración. La boca, los labios, los fonemas, establecen una relación entre el trauma del destete y el trauma del nacimiento. El dolor de existir no se puede compensar como perdida originaria  de ser arrojado al mundo.

(pag.253) “función ambigua en la que interviene este órgano amboceptor que es la mama” Tenemos el seno como órgano amboceptor y el objeto a como dos círculos de Euler se sitúa en la intersección el seno, pero recortando esa uñita hay un doble corte del lado del niño y del lado de la madre.

La parte agresiva del estadio oral, el vampirismo. La angustia nos revela la verdad de la madre en tanto cocodrilo que nos devora, y el bebé como parásito que la devora. El seno como amboceptor se sitúa entre el niño y el goce de la madre.

La voz de Yahvé. El objeto invocante se relaciona con el Otro paterno, con el superyó, pero no es un padre  normativo sino un padre que exhorta a gozar. El shofar como un objeto ritual sirve para ejemplificar el objeto a no como natural sino cultural. Es un cuerno que liga a Yahvé con el pueblo elegido. Un objeto altamente simbólico, pero también es el cuerno de un carnero que cobra otro valor, es un sonido más parecido al bramido de Dios. T.Reik lo relaciona con el bramido de un toro ligado a tótem y tabú. Lacan quiere ir más allá no es la muerte del padre, más acá está el objeto a. Los mitos son elucubraciones de saber. Para Lacan no hay padre, lo que escucha no es otra cosa que el superyó y no solo no prohíbe sino que exhorta a gozar.

(pag.272): “¿De qué objeto se trata? De lo que llaman la voz. La conocemos bien, creemos conocerla bien, con la excusa de que conocemos sus deshechos, sus hojas muertas, en las voces extraviadas de la psicosis y su carácter parasitario, en forma de imperativos interrumpidos del superyó.

Valencia 19 de Abril de 201

Javier Porro.

Hacer poema-tripa de mi corazón enajenado

Hacer poema-tripa de mi corazón enajenado

 

Si hubieras sabido preservar

el esplendor de tus ideales y espejismos,

y librar tu corazón del  hacerlo trizas,

del desgarro de existir

y como corza joven y valiente hubiese

trotado movido por su rizado latido…

 

Si no hubieras osado emular a Cronos, y castrado

a su padre Urano, no te  habrías incardinado

en el espacio y el tiempo, deviniendo

tu carne y tu alma, tu ser sexuado y parlante

en pasto a merced del fuego.

 

Si de la sangre seminal vertida sobre la ola

no hubiera tu fantasía adorado el cuerpo de Afrodita

y engendrado a Pandora, destapando

más allá del velo de la belleza los infinitos males…

Es por esto que ahora afrontas esta condena

de sufrir tu destino como angustiado Prometeo

que expone sin tregua su hígado a ser devorado.

 

Si te pusiste a escribir, es porque en el momento álgido

de tu dolor  ¡La Mujer! te apreso y hechizo;

con deseo decidido pasaste a ofrendarle tu “miocardio”

trasplantado tu carne a los versos que hoy le escribes.

 

Ay amor, si supieras como gozo regenerando

mi cuerpo lacerado en el anhelo de querer sentir

tu dulce picoteo, recreándose en mi intima entraña,

haciendo de las tripas de mis poemas

la causa de mi corazón enajenado.

(J. Porro. Poema 21. 16-4-16)

 

Texto de Pierre Naveau La psicosis y el vinculo social. “El Amo y su mayordomo”

Texto de Pierre Naveau “La psicosis y el vinculo social”.

 Cap.” El Amo y su mayordomo” 

 

En relación con el título de este capítulo, P. Naveau plantea, se trata de un padre que a propósito de su hijo, que lo había ido a visitar: “durante dos días he sido su mayordomo…y él se vio entonces convertido en criado”

“La hipótesis de Freud es que en el hombre existe una inclinación primordial a la agresión….La inclinación a la agresión es una pulsión. Esta pulsión de agresión constituye una representación de la pulsión de muerte.”

“Freud plantea la cuestión en el malestar en la cultura: ¿Qué medios usa la civilización para inhibir la agresión, para hacerla no-nociva? ¿Cómo hacer para que el placer de la agresión no provoque estragos? La agresión, afirma, es introyectada, interiorizada, retorna al punto de donde viene, se vuelve contra el propio yo (del sujeto)”.

El castigo

En este apartado nos plantea el caso de un niño de once años. Fabrice es un niño violento. Cuando se le interroga él responderá que son los otros los que le agreden. En este transitivismo expresa muy claramente que no soy yo quien agrede sino que son los otros los que me agreden a mí. De su estancia en el hospital de día dirá que ha aprendido a controlarse.

Sobre este manejo de la agresividad  P. Naveau nos dice: “no es el otro niño al que él agrede o por quien se siente agredido, sino su propia agresividad. Es a ésta a la que él trata de domesticar, de domar, de controlar” Al interrogar a Fabrice éste pronuncia la frase “estuve a punto de golpearlo, pero yo no tengo derecho” interpreta que más allá de la prohibición que no llega a ser interiorizada, la culpa puede ser rechazada, lo que funciona y se impone es el castigo.

“Solamente la articulación de un castigo a lo prohibido introduce entonces, para este niño de once años, un límite, es decir, erige una barrera para el goce que experimenta en su cuerpo y que lo empuja  al cuerpo a cuerpo con otro niño.” (pag. 164)

La imagen del otro

“Es pues, la imagen del cuerpo del otro niño lo que da al niño la idea que su cuerpo no está fragmentado, no esta astillado, parcelado, múltiple, si se quiere, sino que es uno. Esta dialéctica entre el cuerpo del niño y la imagen del cuerpo del otro niño es lo que Lacan ha llamado el estadio del espejo” (pag.165). Continua diciendo P. Naveau como se produce una tensión temporal que implica la anticipación, “yo soy múltiple, pero, gracias a tu imagen, me veo uno”

La consecuencia de esta identificación imaginaria es que la agresión dirigida al otro se vuelve, retorna hacía uno mismo. Lacan habla de una encrucijada estructural: ´”relación erótica  en que el individuo humano se fija en una imagen que lo enajena a sí mismo, tal es la energía y tal es la forma donde toma su origen  esa organización pasional  a la que llamará su yo”

P. Naveau “de lo que el niño sufre es de una pasión. La pasión narcisista es, de hecho, el resorte de la agresividad. De ahí la paradoja que conduce el narcisismo” Citando nuevamente el texto “la agresividad en psicoanálisis de Lacan añade: “yo quiero destruirte porque quiero ser amado por ti… esa forma cristalizará en efecto en la tensión conflictual interna al sujeto, que determina el despertar de su deseo por el objeto del deseo del otro. Lo que tú quieres tener es muy precisamente lo que yo quiero”

Este “yo quiero destruirte porque quiero ser  amado por ti”, lo entiendo como el  investimiento o identificación imaginaria y narcisista que esperamos obtener del otro, pero al está articulado al registro simbólico  desestabiliza la relación dual donde el otro viene a colmar o satisfacer la demanda de amor, de ser amado. Es la retirada de este amor, la pérdida del mismo lo que  nos devuelve a nuestra fragmentación estructural lo que promueve la agresividad como un intento de unificación a costa de despedazar al otro. Pero es también nuestra estructural agresividad, en tanto pulsión que subyace latente tras el ser amado, lo que paradójicamente nos llevaría a invertir los términos de la frase que podría formularse como: “el deseo de querer ser amado por ti, es efecto y consecuencia de la pulsión agresiva del querer destruirte.”

Seminario sobre la “psicosis ordinaria”. Valencia 5 de Abril.

Igual que avezado labrador

Igual que avezado labrador

 

Igual que avezado labrador

escrutas en el cielo el sentir de tu cuerpo

según los designios azarosos del tiempo;

con ánimo decidido te pusiste a labrar

tu carne calcinada, devenida un estéril erial.

 

No sabes cómo supiste hacer para

poner manos a la obra y transformar

tan irreductible barbecho, en tu mejor “cayado”

tu mejor “zahorí” para licuar tu alma encallada

mortalmente en “terra incógnita y vacía”

 

Cada poema que escribes es un acto de amor,

se fragua y emerge desde tu isla de náufrago,

sin otra constante dedicación que buscar cada día

el tesoro de las palabras mágicas que te habitan

para lanzarlas en aspaviento el  día que otees

el barco que orienta tu horizonte vital.

 

Tienes apenas por único patrimonio y bagaje,

saber colocar la  oreja en la orilla de su pecho y auscultar

el latido de su corazón, savia sangre, rumorosa ola,

bañando con suave insistencia tu corola ajada

 

Áy, amor, como expresarte que causando  mi deseo,

obras el prodigio de convertir mi ardiente lágrima,

en perla de lluvia, rocío de un nuevo mañana;

abono fecundo, simiente vertida en mi  carne baldía

que rotura y recrea la verdad de mi alma.

J.Porro (Poema 20. 4-4-16)

Cuando los puentes estén dinamitados

Cuando los puentes estén dinamitados

 

Cuando todos los puentes estén dinamitados,

los caminos ya no te lleven a Santiago

ni conduzcan a Roma, y el amor no puedas

conjugarlo en ninguna lengua latina…

 

Cuando Eurídice caiga en el olvido del Hades

y tú, émulo de Orfeo, quedes desprovisto de arte y maña

para rescatarla, entonces, habrás de alzarte

y despertar de tu letargo.

 

El gramo de cordura que aún te resta,

una vez caídos todos los espejismos, abre un vacío fecundo

donde has de volver a hacer oír tu singular canto,

sacando de la lira las claves de tu  delirio, locura

donde tu quebranto obtiene cura.

 

Entonces, Quijotesco Orfeo, sabrás que el mejor elixir

para vivir intensamente la vida

es dejar que tu alma, sabiéndose en el morir cuerda,

cante, delire su inmortal victoria.

 

Sabes que tu mayor vitalidad y plenitud

resurge cuando la garganta canta su desgarro

con son de rota cuerda, mientras tu voz

liba a flor de miel

sus más estremecedoras y dulces notas.

 

 

Cómo podría no quererte

Cómo podría no quererte

 

Como podría no quererte

si gracias a ti he logrado disolver

esta bilis negra,  mancha de petróleo

que impregnando mis alas

maniata y recorta el vuelo de mi alma.

 

Cómo podría dejar de quererte

si tu mirada luminosa se cuela

por los intersticios de mi cuerpo,

y pone una brasa de luz y taquígrafo

en mis rincones oscuros del alma.

 

Cómo podría hacer para olvidarte

si, el tiempo contigo discurre igual que

aplicada ostra, moliendo granos de arena

para producir nacarada perla

en el lugar vacío que tu futura ausencia dejara.

 

Mi pasión se entregó con alegre afán

al  querer ofrendarte

una perla de “pluie”,

venida de un país “oú il ne pleut pas”

 

Yo sabía que después de vivir contigo

Yo sabía que después de vivir contigo

 

Yo sabía que tras el sueño de vivir contigo

en la cresta de la ola, sería devuelto a la orilla,

varado en mi primordial Nada.

 

Como perfecto náufrago desnudo,

braceo en tierra para que mi andar vagabundo

haga sonar la alarma, la “Sirena”

que despierta mi vida al rumor de tu presencia.

 

Lo sabía, pero ignoraba que si quedo despojado

del azahar y  la sal de tu piel, mi carne,

sin el acontecimiento azaroso del encuentro con tu cuerpo,

se torna insípida y sin sentir tu pálpito vital,

deviene marchita.

 

Dime amor la clave para que circule la savia

que insuflabas en mi corazón cuando,

entre brasas sabias, me sabía abrazado,

tan tiernamente besado como encendido clavel.

 

Durmiendo entre dunas y Salinas (Pedro)

Durmiendo entre dunas y Salinas (Pedro)

 

Igual que hay días que la felicidad

se retira en silencio,

y te anuda la garganta,

acontecen singulares momentos

donde el corazón agitado

se remansa.

 

Entonces, tener un cuaderno a mano

mientras escucho una pieza de música clásica,

o sencillamente entregarte con un dulce beso

al plácido sueño en brazos de Morfeo…

 

Este gesto tan simple me basta

para desanudar el cuerpo,

y arroparte con mi desnuda alma.

 

 

No sabes cómo

No sabes cómo

 

No sabes cómo, pero habrás de reinventarte en cada poema

y lo que ahora es una ineludible necesidad,

será tu mejor virtud para desentrañar

la clave de sol que encierras, amor, iluminadora de mi oscura herida.

 

Nada de lo que puedas decir o escribir

puede aplacar la sed ni apaciguar este suplicio de Tántalo.

 

Tantas veces ha ido tu corazón a humedecer

sus labios en el agua fresca de su boca,

que sólo soñando su presencia,

el cántaro de mi voz no se romper ni canta su derrota.

 

Escribes como un insomne funámbulo, agarrado

al precario equilibrio que supone el avanzar a tientas;

por esto te agradezco el cable que me lanzas

desde la otra orilla permitiéndome soñar 

un reparador sueño, abrazado a ti.    

 

En tu ausencia, esta noche,

el corazón me obtura la garganta, y las palabras

hechas carne de papel

me queman

y me hacen tiritar el alma.

 

No sé cuantos ríos de tinta

No sé cuantos ríos de tinta

 

No sé cuantos ríos de tinta habré de verter,

hasta expulsar este coágulo de mis entrañas,

que sume mi alma en la queja de un inacabado  duelo.

 

Hoy te quiero ofrendar este honorífico poema

para  engalanarte como mi más distinguida y cara musa;

siempre me quedará el recuerdo

de haber sido envuelto en tu aura mágica.

 

Haber vivido el idilio de terminar el día con tu melódica voz,

y comenzarlo acariciado por la aurora de  tus sonrientes ojos.

 

Ahora que el bonito espejismo que hemos sostenido se quiebra,

me atrevo a mostrarte mi radical desnudez,

el gozne de mi narcisista amor donde naufraga la nada de mi ser.

 

Ay amor, este poema es mi humilde ofrenda

por todo el enorme contento que has infundido en mi ser,

fecundo rocío no caído en tierra  baldía.