Como marinero errante o Ícaro audaz

Como marinero errante o Ícaro audaz

 

Como marinero errante o Icaro audaz,

vas atracando en el  cuerpo de la mujer

y en cada puerto no tienes más “sinovia”,

que escuchar el lúbrico rumor que te induce

a robar el sagrado fuego y  avivar

el goce íntimo que anima su mortal carne.

 

Si recalé en el tango fue, quizás,

por amarrar mejor tu cuerpo en el abrazo, para no

Levar anclas ni soltar las amarras,

y sin embargo atesoré de ti

un dulce dolor de inextinguible brasa

para zarpar de tu puerto, pero navegando en tu alma.

 

Cuando nuestros cuerpos se fundan

me sumergiré en las aguas de “lethos”

y solamente te sabré llevar,

sabiéndo mi alma por ti transportada

a este etéreo goce de sentir que tu placer ha irradiado

mi fibra más íntima, mellando mi singular entraña.

 

Danzaré como si se tratase del “último tango”

así, cuando este acontecimiento tenga su tiempo y lugar

de ti solo quisiera recordar como deletrear tu nombre,

el instante sagrado dónde  aún se goza del cuerpo

sin que tu alma devenga extraña. (Poema 19. 28-3-16. J. Porro)

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