Sublimación y Creación

Sublimación y Creación

 

  1. Recorrido por el concepto de Sublimación e Freud y Lacan (1)

 

Si a partir del texto las Pulsiones y sus destinos(1915), definimos la Pulsión a

partir de los 4 destino posibles:  la represión como dique que se opone a la

satisfacción, la transformación en lo contrario (amor-odio, sadismo –masoquismo,

voyeurismo-exhibicionismo) la vuelta sobre sí mismo, relativa a  la falta de la

existencia de un objeto necesariamente dado, y finalmente la sublimación como el destino de la pulsión que teniendo un origen, una fuente erógena, sexualizada, apunta a un destino de la pulsión desexualizada.

Esta capacidad de cambiar el fin sexual original por otro fin, que ya no es sexual, pero que le está psíquicamente emparentado, se denomina capacidad de sublimación (la moral sexual cultural y la nerviosidad moderna, 1908). Es decir que el tipo de satisfacción obtenido por las vías de la sublimación es comparable en el plano psíquico a la satisfacción procurada por el ejercicio directo de la sexualidad.

Freud mantendrá desde Las Pulsiones y sus destinos que sean cuales fueren las transformaciones en los fines de las  pulsiones, incluso en las pulsiones coartadas en su fin, “el fin último invariable es la satisfacción que se alcanza por la supresión del estado de estimulación de la fuente de la pulsión”.

A lo que Freud apunta en diversos momentos de sus elaboraciones  es a que la satisfacción de la pulsión puede tomar otros caminos que el del acto que procura placer inmediato a la zona erógena, y que satisfacción (Befriedigung) y placer (lust) no son lo mismo en la economía libidinal y psíquica.

Las pulsiones son fuerzas psíquicas inerciales, que suelen permanecer inalteradas a lo largo de la vida. Esta fijeza es una de sus características más sobresalientes y que supone una especial dificultad actuando como resistencia en la cura. No obstante en muchos casos, puede obtenerse una verdadera mutación subjetiva que transforma la relación del paciente con sus pulsiones.

Estas fijaciones determinarán el comportamiento sexual ulterior, así como la posibilidad de formaciones sintomáticas. El curso de las transformaciones pulsionales no constituye  un tránsito de superaciones progresivas. Cada fase deja una huella, nunca desaparece de forma definitiva y sus ecos habrán de hallarse en fenómenos de la vida tanto normales como  patológicos.

 

La estructura de la pulsión se divide en 4 componentes. El empuje (Drang) es la magnitud de trabajo, la presión que una pulsión ejerce sobre la vida psíquica. Constituye uno de los orígenes principales del sufrimiento del neurótico, abrumado por las exigencias a menudo ingobernables de las pulsiones inconscientes.

El fin (Ziel) de toda pulsión es hallar siempre la satisfacción, aunque para ello puede seguir diversos medios. Freud considera que una de las funciones más eminentes de la cultura consiste en favorecer una inhibición de los fines pulsionales, que trae como consecuencia una disminución de la satisfacción en beneficio de logros más elevados. Sin embargo la renuncia a los fines pulsionales pueden derivar en síntomas cuando la satisfacción no logra una salida.

El objeto (objekt) es la cosa en la cual la pulsión se descarga y alcanza su satisfacción. “el objeto es lo más variable de la pulsión; no se halla enlazado originariamente, sino subordinado a ella en consecuencia de su adecuación al logro de la satisfacción.

La sublimación aporta a la pulsión   una satisfacción diferente de su meta, siempre definida como su meta natural, es lo que revela la naturaleza de la pulsión en la medida en que se relaciona con das Ding, con la Cosa en tanto que ella es diferente del Objeto.” “y la formula más general que les doy de la sublimación es la siguiente, ella eleva un objeto a la dignidad de la Cosa” (2)

Por último la fuente (Quelle) es el cuarto componente de la estructura pulsional. La fuente de la pulsión es el proceso somático involucrado en la satisfacción. La pulsión supone el cuerpo, remite a una zona erógena, correspondiente a alguno de los orificios del cuerpo (boca, ano, ojos..etc) lugares que poseen una estructura de borde entre lo exterior y lo interior del organismo. Las zonas erógenas constituyen tanto el punto de partida del circuito pulsional, como su meta, el punto de llegada.

Posteriormente en los Tres ensayos (1905) introduce la sublimación como “una derivación de la curiosidad sexual hacia el arte”. Este concepto desde entonces lo propone como un proceso que surge de la sexualidad infantil  y supone “un proceso en el que las fuerzas instintivas sexuales son desviadas de su fines sexuales y orientadas hacia otros distintos.

La utilización de este término le servirá  a Freud para teorizar como algunas realizaciones psíquicas, especialmente la creación artística y la investigación, por sublimes que puedan resultar  en el terreno de la valorización cultural y social, tiene su raíz en lo que la cultura ignora de la “perversión polimorfa infantil”.

Así, la sublimación es considerada por Freud en 1905 como un derivación de “excitaciones de energía excesiva” que son transformadas de una peligrosa disposición sexual infantil en “elevación de la capacidad de rendimiento psíquico”, será la vía  de hacer con los más bajo de los impulsos sexuales lo más elevado de las virtudes creativas.

Sublimación y Fijación serán contrapuestas permanentemente en Freud, pues según se dé una o la otra, la pulsión contribuirá a los intereses de la cultura o se manifestará en la clínica de la neurosis y las perversiones de modo patológico,  como tenaces fijaciones que inutilizan para todo fin cultural.

El concepto de sublimación en Freud toma este doble valor, por un lado designa un modo de satisfacción de la pulsión sexual, pero por otro supone un modo de generar un valor cultural, sea por la creación de una obra u otra actividad intelectual, pero ambas son bien distintas en la economía libidinal y psíquica. No tienen las mismas consecuencias, ni clínicas ni culturales. Las fantasías alimentarán síntomas neuróticos no así la creación de una obra. Además si la sublimación, es un modo de adquirir una valoración social, hay que interrogar la relación de la sublimación con el narcisismo y el ideal (o con la mutación de la pulsión del goce al placer).

En Introducción al narcisismo (1914) la sublimación es un proceso que se relaciona con la libido objetal, y lo importante es el alejamiento de lo sexual, es algo que sucede con la pulsión. La idealización es algo que sucede con  el objeto, lo eleva sin transformar su naturaleza. El ideal favorece la represión, por ir en contra de las exigencias del yo, mientras que la sublimación las satisface sin represión, y no obedece al ideal.

En Lecciones introductorias al psicoanálisis (1915-1917) considera el artista como modelo de “saber hacer con el fantasma”. El arte es definido como “un camino de retorno desde la fantasía a la realidad”. Este camino es el de “saber dar una forma a sus sueños diurnos que los despoja del carácter personal que pudiera desagradar a los extraños y los hace susceptibles de constituir una fuente de goce para los demás”.

Según Freud el artista satisface la pulsión sexual de forma placentera al gozar de una forma enlazada a su fantasma inconsciente. Los caminos de la realización de la obra de arte, aunque se enlacen con lo reprimido del fantasma, sortean la represión. Lo reprimido es el fantasma, no la satisfacción sexual de la pulsión que se obtiene a través de otro fin desprovisto de carácter sexual en el acto que crea la obra de arte.

En el Malestar de la cultura plantea que la sublimación fracasa, por ventajosa que sea para las realizaciones del sujeto y el avance de la cultura. Reconoce que la intensidad de las satisfacciones sublimadas son atenuadas si se las compara con las de las pulsiones primarias “y de ningún modo llegan a conmovernos físicamente”. En el fracaso de la sublimación interviene el cuerpo, pues no se le puede ignorar como fuente de satisfacción y de dolor. Hay una “ración de avena” de la que no se puede privar a la pulsión, pues sin la satisfacción sexual experimentada en el cuerpo no hay fin que para la pulsión valga.

Es un hecho tangible de que por mucho que un artista o un investigador se consagre de pleno a su obra, esa actividad sublimatoria no elimina los requerimientos de su vida erótica en relación con el sexo. Ni los genios que adquieren reconocimiento social se liberan del dolor, la melancolía y la angustia.

La sublimación fracasa, pues es imposible “armonizar las exigencias de la pulsión sexual con las de la cultura. Si el papel de la sublimación era proporcionar unas civilizadas relaciones sociales hay algo “insublimable” en la pulsión sexual.

En suma, si para comenzar a abordar el problema de la Sublimierung, la plasticidad de los instintos debe ser recordada, debe decirse a continuación, que por razones aún no dilucidadas, en el individuo no toda sublimación es posible. En el individuo encontramos límites. Algo no puede ser sublimado, existe una exigencia libidinal, la exigencia de determinada dosis, de determinada tasa de satisfacción directa, en cuya ausencia se producen perjuicios, perturbaciones graves. Nuestro punto de partida es la vinculación de la líbido con los signos como tales”.(3)

En el Yo y el Ello (1923) Freud se pregunta si “la transformación de la libido objetal en libido narcisista con la desexualización que entraña la “transmutación de una elección erótica de objeto en una modificación del Yo” no sería el camino conducente a la sublimación. Sólo en la medida que, en un segundo tiempo, el Yo no se acantona en el goce narcisista y propone un nuevo fin a la pulsión, se abre el proceso de sublimación.

 

  1. De la Fijación  a la Sublimación  o De la Formación sintomática al Sinthôme.

En este trabajo pretendo seguir un doble movimiento de la Sublimación, bien porque este  recorrido en la deriva pulsional, no conlleve una transformación del fin (no sexual) respecto del origen sexual de la pulsión,  con lo cual podríamos hablar de una sublimación fallida en lo que tiene de “regresión narcisista” o “fijación regresiva”  que no trasciende lo que serían realizaciones o identificaciones imaginarias sin producirse cambios significativos o cualitativos en lo que toca a la represión y defensa pulsional del sujeto.

El otro movimiento que es el que quisiera desplegar  y que motiva el titulo de mi trabajo, es el de explorar la Sublimación, podríamos decir  “no fallida” o “lograda” por cuanto vendría a constituir o producir una nueva identificación simbólica, o que vendría a crear  o inventar algo diferente en lugar de la Repetición, ya sea  el Sinhôme o la Obra,  operando como un  Nombre del Padre  que vendría a significar un franqueamiento en el registro imaginario.

De manera que intentaría situar este trabajo, en lo que sería a partir de las caídas de las identidades  imaginarias (narcisistas, regresivas), y ver qué efectos podría operar la  Sublimación en este sentido progresivo (para diferenciarla de la regresión narcisista)   que cambios o transformaciones tendrían lugar respecto de la relación del sujeto con el  Otro simbólico por un lado,  y por otro indagar sobre cómo manejar el resto de goce  ineliminable,  que mutación  tiene lugar en el objeto cuando prescinde, “pasa” del Otro y se aborda desde el encuentro con lo Real. (o interrogarnos sobre cuál es  uno de los posibles  destino  del goce propio, el “resto de goce”, más allá del ¿qué quiere el Otro de mi?)

Lo real del goce es producto del significante, de lo simbólico, pero un producto que luego escapa a lo simbólico mismo, que este no llega a reabsorber nunca completamente.” (4)

O bien tendríamos una articulación de lo real con lo simbólico donde el Automatismo de Repetición no estuviera  condenado a la repetición mortificante de la reacción terapéutica negativa, del repetir y estar siempre en lo mismo, y se podría pasar a una   repetición-sublimación que  pudiera dar lugar a una nueva posición subjetiva, donde podríamos hablar tanto de invención, o reinvención de Semblantes  “a representar” como identificaciones simbólicas que pueden ser utilizadas sin que el sujeto quede atrapado o identificado imaginariamente sin poder poner distancia  con ellas.

O bien podría darse la repetición “traumática” la “tyché” y en cuya agujero o vacio, entiendo yo que podría advenir, (es decir sin taponarlo lo que daría lugar a la angustia) un objeto que por irrepresentable e inabordable nos llevaría a la producción del objeto “a”, relacionado  con el  “saber hacer”  o el cómo manejar el resto de goce ineliminable.  Entiendo que sería un plus de goce ligado al Sinthome, y en lo que yo pretendo en mi trabajo una sublimación relacionada con la creación y la producción de un objeto artístico.

 

  1. La Pulsión, objeto a y su articulación con la creación artística.

Dicho de otro modo, en relación con los componentes de la Pulsión, el empuje “Drang” es siempre sexual, pero en la sublimación queda desexualizada al ponerse al servicio de actividades no sexuales. Sin embargo, esta deriva o transformación   de la pulsión siempre quedará un resto enigmático, como un resto de goce real más allá de la simbolización e irreductible a la perdida de goce.

Podríamos decir que cuando opera el deseo sobre el goce, se daría una cierta simbolización de lo real, lo que conlleva perdida de goce en lo real y al mismo tiempo ganancia en tanto placer como plus de goce articulada a lo simbólico.

El objeto “a”, entiendo que supone  una parte de goce que puede ser recuperada en la sublimación que soslayando la represión edípica, más allá del Edipo,  permite una simbolización   de lo real del goce, extrayendo un placer en dicha operación. Este plus de goce, entendido como una pérdida en lo real del goce, conlleva por otro lado,  ganancia de un placer simbólico o plus de goce,  al producirse  como consecuencia de un levantamiento de la represión  secundaria, y en última instancia este ir más allá tiene su límite en la confrontación con las barreras que delimitan el Bien, la Belleza.

Si la cosa no estuviese fundamentalmente velada no estaríamos con ella en esa forma de relación que nos obliga a cercarla, a contornearla, para concebirla. Ella se presenta siempre como unidad velada”

“Digamos que si ella ocupa ese lugar en la constitución psíquica es porque esa Cosa, aquello que, de lo real primordial, padece del significante.” (5)

Si uds. Consideran el vaso desde la perspectiva que promoví, como un objeto hecho para representar la existencia del vacío en el centro de lo real que se llama la Cosa, ese vacío se presenta como un nihil, como nada y por eso el alfarero, crea el vaso alrededor de ese vacío con su mano, lo crea igual que el creador mítico, ex nihilo, a partir del agujero. Hay identidad entre el modelamiento del significante y la introducción en lo real de una hiancia, de un agujero. (6)

Considero que lo propio y singular de este objeto “a” es el de promover una mayor  simbolización de la consistencia imaginaria del fantasma. Entonces, tal como yo entiendo, la producción del objeto a,  lejos de venir a taponar la falta simbólica del otro, no se deja capturar o  identificar  con aquello que supone causa el goce del Otro, y de este modo poder llegar a aprehender cual es nuestro lugar de goce primario en relación al Otro (“¿Qué quiere el Otro de mi? ¿Qué soy yo para el Otro?) al extraer un saber sobre que objeto, habremos sido y somos para en nuestro propio fantasma, gozar (extraer un resto de goce) a partir del lugar ocupado en el goce del Otro.

En esta brecha o desplazamiento, (donde ya no se procura tanto el goce propio haciendo gozar al Otro),    sino que el sujeto (en análisis) puede subvertir su condición inaugural de ser objeto de goce, y se posiciona respecto al Deseo del Otro y, a su vez, con  el efecto “traumático” de confrontarse  con el goce  sin ley en lo Real. Podríamos aventurar que a partir de dicho encuentro,  donde estaba el fantasma, como goce secreto e inconfesado, advendría el objeto a como dando un nuevo destino a esa fuerza pulsional, no ya para un fin narcisista sino para un fin que inventa un nuevo modo de lazo social.

El objeto artístico por tanto,  adquirirá un  valor en la economía del fantasma del sujeto y su valor  no radica  tanto en su valor cultural,  el reconocimiento o éxito social que puede o no darse,   como del lugar que ocupe tanto en la perdida de goce modelado por el significante como por  la producción o invención  de la  Obra como causa de la subjetivación del Nombre .

Este valor examinado en lo tocante a lo sublimación hay que analizarlo en términos de lo que toda producción pudiera tener de repuesta no sintomática, o  de trastocamiento de la Defensa en  Sinthôme,  respecto del Deseo del otro.

  1. Sublimación y Deseo del Otro. Simbolización del fantasma.

Podríamos decir que toda Sublimación, toda producción artística es siempre en cierto modo  fallida, y así deber serlo por cuanto intenta llenar un vacío que por definición no se puede colmar, salvo caer presa de la angustia. Y sobre todo porque lo que hace que dicho objeto cobre un valor incalculable para la economía psíquica del sujeto, es el de simbolizar el objeto de goce que ocupamos en el fantasma y sacarlo a la luz en clave “artística” con la Obra o producción.

De este modo es un objeto cuya peculiaridad radica en que lejos de taponar, obturar el Deseo del Otro, tiene como condición fundamental el  revelar, apuntar la falta    del Otro(a su inconsistencia simbólica) como el destapar lo  real del goce en tanto desvela la falta de la no relación sexual.

Pero a su vez, la propia simbolización del fantasma, en lo que tiene de conversión de la pérdida real de goce en ganancia de placer simbólico, supone también la creación de un “velo” articulada al resto de goce irreductible,  que vendría a permitir una  realización no imaginaria del fantasma, una sublimación simbólica diferente de la actuación del  fantasma en la perversión.

Me parece interesante también como el concepto de sublimación no solamente se refiere, en el sentido que estoy planteando a actividades que pueden también ser valoradas socialmente como   la Obra o producción artística.  En este conviene no idealizar la sublimación, ya en el Malestar de la Cultura la Pulsión de Muerte quede subordinada al servicio de Eros y de este modo afianzar y justificar el que siendo “asociales” en cuanto al goce tendamos lazos sociales desde el deseo.

  1. Coordinación de las dos tópicas. Oposición entre Ideal y objeto a

Enfocando la sublimación a la luz de la coordinación de las dos tópicas el trabajo que me planteo sería el de articular la primera tópica más en relación  con la vertiente simbólica (imaginaria)  en lo que tiene que ver con el narcisismo y la idealización ya sea del objeto, o ya sea del propio yo.

Esta libido del yo coordinada con el Ideal del Yo puede ir derivando   en última instancia hacia la producción de una identificación simbólica , tendría más que ver con la adopción de un Semblante como un modo de identificación con un significante que venga a reemplazar un significante Amo, pasando a convertirse en una suerte de autorización que se da el sujeto a sí mismo para apropiarse de sus “insignias” que toman este valor de rasgos unarios o simbólicos que testimonian no tanto de una identidad primordial, esencial, sino de su radical falta de ser.

La sublimación a la luz de la segunda tópica, y en coordinada con el Inconsciente de la primera, plantea esta vía de acceso a lo real del  goce mediatizada por el lenguaje. Si todo lo reprimido es Inconsciente, no todo el Ello está sujeto a la represión, si bien no escapa a la represión primaria de la perdida de goce del lenguaje.

“Introducción al Narcisismo” me parece un texto clave porque ilustra bien respecto de la sublimación esta intersección a la que me estoy refiriendo entre lo simbólico y lo real.  Del lado simbólico diferencia entre el Ideal y la sublimación. El primero en lo que tiene de relación con el superyó, hunde sus raíces en la represión. “Un ideal exigente favorece la represión al aumentar las exigencias del yo” “La sublimación es una vía de escape que permite cumplir esa exigencia sin dar lugar a la represión”

En este sentido cabria pensar en la oposición entre el Ideal y el objeto de goce. Si este ultimo supone este resto proveniente del Ello irreductible a la simbolización y por tanto imposible de ser reabsorvido  bajo  la represión del Ideal. Si la Formación del Ideal  supone una formación de compromiso que satisface transaccionalmente al  deseo y al goce en tanto plus o beneficio narcisístico.

La diferencia cuando se aborda el objeto “a” como construcción del análisis y en oposición al Ideal, es que el plus de goce no remite tanto al beneficio narcisístico en tanto es un goce que en lugar de taponar revela la castración. El Ideal en lo que tiene de identificación imaginaria ha caído con el consiguiente levantamiento de la represión, por lo que algunos autores consideran la sublimación como un destino no defensivo de la pulsión.

 Bibliografía principal

(1) MIRA, V. RUIZ, P. GALLANO, C. Conceptos Freudianos. 2005. DESSAL “La pulsión”, pag. 209-218. GALLANO, C. “La Sublimación” pag. 233-241

(2) LACAN, J. Seminario 7 La Ética del  Psicoanálisis. “El problema de la Sublimación: El objeto y la cosa”. Pag.138.

(3) LACAN, J o.cit. “El problema de la Sublimación: la pulsión y sus señuelos”. Pag. 114.

(4) RABINOVICH y COSENTINO .  Puntuaciones freudianas de Lacan: Acerca de Más allá del principio de placer. RABINOVICH, D.  “La experiencia de satisfacción en su articulación con el más allá..” pag. 39.

(5) LACAN, J.  o.cit. “El  problema de la sublimación: de la creación ex-nihilo” pag. 146.

(6) LACAN, J. o.cit. “El problema de la sublimación: de la creación ex nihilo” pag. 151

Trabajo presentado  por Javier Porro en el espacio Itinerario de la ELP de Valencia.

                                                                                        Valencia 12 de Junio-13

 

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