Seminario del I.C.F. presentado por Enric Berenguer Seminario X “La Angustia” de J. Lacan.

Seminario del I.C.F. presentado por Enric Berenguer

Seminario X “La Angustia” de J. Lacan.

 

Cap. XII: La angustia, señal de lo real.

Cap, XIII: Aforismos sobre el amor.

 

Capítulos impartidos por: Enric Berenguer. (13-2-2016)

Transcripción libre realizada por: Javier Porro.

 

(Se inicia el acto con unas emotivas palabras de Nati a la memoria de nuestra compañera recientemente fallecida Concha Carretero).

 

En estos  capítulos  XII y XIII vamos a hablar de manifestaciones de lo real, la muerte es una, la muerte presentifica  a lo real como lo que está en relación de exclusión respecto de lo simbólico, nombrar lo innombrable. Como Freud plantea en un apartado de la Interpretación de los Sueños, la muerte de seres queridos y el duelo es la reorganización de lo simbólico para acoger una falta real, que es una falta libidinal, algo de nuestra libido estaba depositada en esta persona. Freud habla como tentáculos (símil con la ameba, paramecio) que operan como pseudópodos hacia un destinatario.

La muerte es una paradoja porque el soporte de esta libido desaparece, es como una mutilación. Hoy abordamos lo real, lo que para Lacan es un objeto, la muerte es adecuada para plantear lo que está en juego al estar en relación con la dimensión pulsional de la vida. El sujeto del lenguaje se corresponde con un punto simbólico  que encontramos más purificado  en las tumbas. El Nombre perdura más allá de la muerte del cuerpo y Lacan dice que lo simbólico no contiene lo vivo. De alguna forma va planteándose como reintroducir lo vivo,   es significante, sujeto del lenguaje y al mismo tiempo está la dimensión de la corporalidad, del cuerpo donde va introduciendo la dimensión de lo vivo.

El Seminario X es un momento importante en esta reacomodación para incluir la libido freudiana en el corazón de la vida del sujeto. De  ahí el interés de  los capítulos XII y XIII. Hay que insistir  en el detalle de que no son teorías cerradas, rígidas, se ve como Lacan está trabajando, avanzando en la teoría para dar cuenta de la clínica. Es una posición epistémica de  no saberlo todo, reconoce  algo de lo real que se escapa, escurre, aunque intentamos circunscribirlo.

Lacan va a tratar de tomar la angustia como un fenómeno que permite conocer la estructura misma, la ventana por la que se puede ver algo, no es una investigación psicopatológica. Toda su investigación está basada en tomar los fenómenos clínicos como ventanas a un real a situar. La angustia, (tomando el referente de estos investigadores centenarios que muestran su entusiasmo por saber cómo las ondas que emiten los agujeros negros van a producir cambios cosmológicos en el futuro, en la eternidad..) sería como un eco del big-bang del sujeto, un ruido de fondo donde el sujeto previo que es antes que nada un cuerpo, antes que sujeto del lenguaje, se enfrenta a lo que es la necesariedad “ananké” la necesidad absoluta que ese sujeto cuerpo tiene que pasar por el lenguaje.

La referencia a la “ananké” se relaciona con Edipo en Colona cuando aparece la referencia al “mejor no haber nacido” bonita expresión  en sentido trágico que sitúa Lacan en una reflexión filosófica.  La angustia es este ruido de fondo de este momento inicial que no se puede abordar directamente, pero queda algo, situar esa X del enigma con un Nombre. Lacan plantea este esquema de la X inicial y luego ya le da el nombre de goce. Mantiene la tensión de la X como algo a reconstruir a partir de los efectos.

Les ponía el ejemplo del descubrimiento de las ondas gravitatorias que han capturado el ruido de dos agujeros negros. Aquí finalmente Lacan plantea que hay un eco es esta dimensión del goce que muy precozmente va a quedar tapada, elaborada por todo el aparato del lenguaje. De alguna manera  la función del deseo que ya Freud aisló como fundante en la experiencia del análisis de lo que es ese momento inicial, pero para entender cómo se pasa de ese sujeto mítico del goce hay que pensar el deseo como lo que permanece de su libido inicial mortificada por el lenguaje. El deseo tiene el estatuto de este resto. En las tablas A y S veremos el funcionamiento, (remite al cuadro de la pag. 176 de la angustia entre X y deseo).

Pero para plantear la angustia como el eco de este momento inicial, Lacan toma respecto de la fenomenología del miedo, los ejemplos de Chéjov en una novela corta traducida con el título del Horror, pero la palabra que más se ajusta sería la de pavor. En el sueño que se narra del perro se trata del pavor que produce lo inexplicable propio de la N. obsesiva. Una versión más histérica podría estar más  encantado con lo inexplicable.

El análisis de Lacan para distinguir el pavor de la angustia, es que ésta última no es cuantitativa, no son miedos comunes, la diferencia con el pavor tiene que ver con un rasgo no de peligro exterior sino interior. La diferencia es topológica, el  miedo frente a lo que está delante y la angustia es una topología distinta respecto de lo que está dentro pero también detrás.

En relación a esto el estatuto del objeto como causa, es un matiz respecto de Freud, la pulsión como causa de la angustia y en Lacan del objeto pero que concierne a la pulsión como causa. La diferencia es importante, está aludiendo Lacan a que la manifestación de la angustia se produce siempre a partir de condiciones particulares, no hay la pulsión en general.

Lacan habla igualmente de condiciones de goce. La angustia tiene condiciones más allá  de las sensaciones del relato genérico. Ej.: tengo miedo a los  aviones, pero qué quiere decir  que me angustia subir al avión, porque justamente el relato evidente tapa la específico de su angustia. Detrás del miedo, la angustia surgió  en una coyuntura  que explica una experiencia concreta que se produjo en un avión relacionada con una palabra oída, algo visto en concreto. Es el caso de una chica que atendí que antes del ataque de angustia, sentía  un placer y entusiasmo por haber conseguido una separación respecto de su madre.

Hay que partir del momento en que el relato del miedo, la construcción del relato viene a tapar el objeto causa. Se trata de  buscar el elemento que es definido, circunscrito, la angustia como señal Lacan la define como “señal de lo irreductible de lo real”. Tenemos algo de lo real que permanece irreductible a esta introducción de lo simbólico que hace que este real quede reprimido, metaforizado, implica que ya desde le Seminario IV es lo que hace el ser humano para metaforizar el goce, hasta que punto eso se puede metaforizar. Hay un trabajo sobre lo que correspondería a la sublimación freudiana, algo de lo pulsional pasa al sentido.

En el caso Juanito, algo del deseo de la madre, se vincula a su cuerpo, la erección y Juanito se angustia cuando algo del cuerpo resiste a la posibilidad de elaboración y el niño intenta construir una metáfora, le cuesta porque le faltan elementos del padre y la invención del caballo es lo que representa la potencia, lo pulsional, con una fuerza entre lo amenazador y lo fascinante, encarna el goce y el primer caballo es su pene erecto. El pene que no responde a las ordenes verbales.

Veremos si la neurociencia lo consigue al precio de borrar al sujeto. La neurociencia ataca la barrera ente el sujeto del significante y el sujeto del goce. En el Seminario IV aparece como si todo se pudiera metaforizar. Lacan sitúa los restos que no pueden pasar, pero siempre queda un resto pulsional que da un rasgo de lo imaginario. En Juanito que no se acaba de masculinizar, fantasea ser madre en una serie de niñas, se masculiniza pero su fantasear lo plantea como un resto que  no se acaba de metaforizar.

El fantasma generalizado de alojar este resto no simbolizable, pudiendo parecer una mala noticia es la esencia misma del deseo que se basa en que no todo es metaforizable. Lacan 2 años depués  en el Seminario 6 “El deseo y su interpretación” coloca al deseo  en el centro de la subjetividad pero falta la dimensión de lo real, lo que el deseo tiene que ver con lo real. Lacan ya plantea que además  de la dimensión imaginaria pone algo de su persona, de su cuerpo. Hay algo de la carne en juego en el deseo, aún sin precisar el vinculo entre lo real y el goce, este elemento de real en el corazón del deseo.

En el apartado 2 del cap. XII Lacan sitúa un tiempo lógico, nunca estaremos en el ruido del tiempo mítico del agujero negro, pero se puede reconstruir lógicamente. La angustia entre goce y deseo como un tiempo lógico, una instancia por un lado temporal, algo del tiempo que está en la estructura articulando la sincronía con la diacronía. El grafo ya incluye el tiempo, la flecha indica un antes y un después. Lacan trata de reducir a un tiempo lógico parte de esta X que son dos términos: la angustia entre X y deseo.

Volviendo a la tabla de la pag. 176 y la operación de división entre A y S, son pocos términos (columna de la izquierda: A, debajo a, y debajo S tachado; columna de la derecha S y debajo A tachado) pero uno se rompe la cabeza, Lacan está tratando de transmitir la complejidad, ¿por qué el  A tachado está en la columna bajo del sujeto. Está hablando de un proceso de subjetivación del Otro por parte del sujeto, es una operación en la que el Otro está castrado es la conclusión del sujeto, pero para que el a figure en la columna del A, es porque del A tachado  lo que queda para el sujeto del Otro es a. Habría que colocar en la tabla un vector donde a sería causado por A tachado.

Toda esta tabla parte de la “ananké”, la necesidad absoluta del sujeto de pasar por el Otro y encontrar en éste alguna inscripción de su particularidad, este sujeto tachado es lo que queda en el sujeto del Otro. Yo me pienso desde el Otro, mi sujeto mítico del goce, por la necesariedad de pasar por la máquina del lenguaje, plantea una interrogación del Otro. La institución del inconsciente supone un me pienso desde el otro lado. A partir de la constitución del inconsciente el sujeto del goce se desvanece. El sujeto tiene que constituirse en el lugar del Otro, solo existe a partir del significante y una operación interrogativa al Otro.

La expresión el sujeto del goce en la última enseñanza  anticipa el parlêtre, el nivel de la lengua como restos que no pasan por el fantasma sino que son previos, hay ecos que no pasan por el fantasma, el abordaje del goce más allá del fantasma. Lo que resta, permanece, es a lo que nos enfrentamos en el deseo y la angustia. Es esto lo que permite una dialéctica donde hay un momento anterior X/angustia/deseo. Es desde la angustia que implica un momento anterior que reconstruimos. Hay un pasaje difícil, enigmático cuando Lacan dice que lo irreductible es del orden de la imagen.

En Edipo rey, Yocasta se ha colgado, frente a eso en el relato de Sófocles, Edipo en colona,  se vacía los ojos con el broche del vestido de su madre, lo importante es la cuestión de la visión. En Edipo rey se vacía los ojos cuando ve a su madre colgada, pero lo terrible que siguió es que al golpearse con el broche y vaciarse la cuenca de los ojos, hay esta cuestión del no seguir viendo. Sin embargo, Lacan  destaca que en realidad el momento de la angustia no es tanto cuando se castra, sino el seguir viendo sin ojos. El Edipo en Colona destaca en el estar ciego una clarividencia, no puede dejar de ver, en el momento que está cegado se vuelve clarividente. Acompañado de Antígona en Colono (montículo donde debe ir a  morir), Lacan destaca que es ahí donde se convierte en clarividente, sabe donde debe ser enterrado como sabe también del futuro de Atenas en su guerra con Tebas para que  no sucumba.

El problema de la angustia no es el momento de la castración sino una visión, una mirada que es de otra naturaleza al no desaparecer. Introduce la cuestión de los objetos pulsionales nuevos: mirada y voz diferente de los objetos parciales. La diferencia respecto de las heces, el pecho, etc, es que son restos en los que  no opera de la misma forma la operación de la castración. Mirada y voz tienen una relación distinta con el sujeto del goce, tienen un estatuto diferente, es por esto que los autistas tienen dificultades parar separarse del objeto voz que tiene un estatuto topológico distinto. Quítale los ojos pero no puede dejar de ver lo que constituye la fuente de tu horror, lo que no se puede cegar.

Lacan busca la línea divisoria entre el objeto de la angustia y el objeto del deseo. Los mártires, caso de Sta. Agata y Sta. Lucia con la mostración de los ojos en una bandejita, imagen que por suerte los ciegos no  ven. Lacan viene a decir que esta mirada de Edipo cegado cumple la función sublimatoria del arte, es tomar el horror y lo convierte en lo sublimado. La maquinaria del deseo es convertir el resto irreductible en algo cercano a la función del deseo y el placer. La mirada está a caballo  del resto irreductible y del objeto del deseo, operación sublimatoria.

Los ecos del big-bang es la experiencia de la perversión como una experiencia subjetiva, un ir más allá de ciertos límites que el neurólogo no puede experimentar. Va a nombrar la experiencia religiosa y el sujeto perverso vinculando ambas experiencias. La exploración cristiana de la dimensión de la angustia, en Kierkeegard la angustia de Dios, es interesante por lo que hay en el cristianismo es el sacrificio del hijo estinado a Dios padre.” ¡Oh padre mío porque me has abandonado!” es el desamparo que también vemos en la psicosis. La pregunta es porque el sacrificio del hijo tiene que tener un efecto sobre el padre. Es la estructura de Isaac y Abraham porque Dios tendría que satisfacerse de la muerte del hijo de Abraham. En los mitos griegos también aparece el sacrificio de Eifigenia. Dios como otro que goza apunta a poner un límite cierta voluntad de goce. La angustia está vinculada al Otro dividido, Dios marcado por esta división y que se le calma confrontándolo con la muerte de su propio hijo.

Es este el vínculo de Lacan entre la religión y la perversión ya que esta se adentra en la exploración del Otro primordial y el objeto del goce que ha de pasar inexorablemente por el aparato del lenguaje representado en el Otro. Tiene que perder algo de lo vivo al pasar por el Otro. Siempre se da esta operación de pérdida, de objetos destinados a los dioses, el altar del sacrificio, objetos que pueden ofrecerse privándose de ellos. La religión es un construcción en torno a un sacrificio.

Se nombra en el yihadismo un Dios que goza con la muerte y la destrucción, tiene que ver con lo que dice Miller en el discurso yihadista en los jóvenes no hay la dimensión masoquista del cristianismo, es un rasgo del islam, es lo que hay que leer de este rasgo como religión no masoquista, sino que en un punto se acerca a lo sádico, a lo destructivo. Dios está contento al ver a los infieles decapitados. También en la religión cristiana se ha matado en nombre de Dios…pero Lacan toma  en serio la relación entre perversión y religión en el encuentro con otro que goza, toma el masoquismo y el sadismo con un enfrentamiento con el Otro del goce. Aquí hay un borde entre angustia y goce, en realidad el masoquista más que sufrir trata de explorar la angustia del Otro. Dios va a decir basta, ya ha corrido bastante sangre, se busca el momento en que el Otro ya no puede seguir gozando del dolor de la víctima.

¿Y en el sadismo cuál es ese más allá? Es la frase que Lacan toma en los ciento veinte  días de Sodoma. Si nos vamos al texto en la pag. 179, en el tercer fragmento. En este texto de Juliette lo que Lacan quiere destacar, la consecuencia que extrae de este episodio donde lo que dice el texto es estar torturando a Juliette “sentir sus uñas en forma de garfios imprimiéndose en mis nalgas…” Un goce en el que el torturador introduce sus dedos en la vagina y le dice a su ayudante mostrando sus dedos ensangrentados “estoy exultante tengo piel del coño”. Esto aparece en el seminario mal traducido porque ya estaba mal traducido en la edición francesa.  En español la misma palabra  en francés puede significar  “coño” y “tonto”. Entonces la frase que aparece en la traducción “He hecho gritar al torturado, me he cargado al tonto” está mal traducida y se ve claramente que es el “coño”.

Es importante restituir este error, más allá del masoquismo que busca la angustia del Otro, más que el goce de su dolor. El sádico más allá de la angustia lo que busca en su víctima, es extraer, arrancar del Otro su objeto a, se trata de ir a lo que sería al reverso del sujeto que es lo más oculto. Más allá del sujeto del deseo ese encuentro real constituyente que se perdió para siempre con el sujeto del goce. El sádico es un explorador que busca ese resto de real  más allá de  los velos del lenguaje, más allá de toda metáfora, más allá de todo semblante de belleza. Se trata del atravesamiento de la dimensión sublimatoria del deseo. Es el trayecto inverso ir desde los  restos a desear algo, aquí se trata de reconstruir hacia  atrás. Aquí a diferencia del error de la traducción el torturador está  exultante con este vampirismo sadiano de extraer piel de la vagina.

Lacan se plantea esta dimensión del objeto como real que queda tapado por el deseo, se trata de un objeto en su dimensión de real. Está tratando de reintroducir el cuerpo, hasta ahora era por el lado de lo imaginario y ahora es más el cuerpo de goce.

El falo como un objeto que entra en lo particular con una cualidad doble: tumescencias y erección. Hay ahí respecto de la fenomenología del “coito interruptus” la experiencia del organo relacionada con la detumescencia, cuando aparece la experiencia del órgano. Introduce la discusión de modo diferente a la perversión, pero también explora lo que queda tapado por la represión. Hay en el encuentro una exploración al ser más real del sujeto, no es como la perversión pero si con la emergencia de la castración  para que surja el ser más recóndito y perdido de cada uno.

El órgano cae, es un agujero, es un momento en que el sujeto se queda sin nada, y es una ventana ofrecida, el órgano masculino cae y en ese momento la ventana es la pregunta de cómo el otro goza de mi. Explora en la experiencia del amor otra vía  para acercarse a la franja entre amor, goce y deseo. No es el amor narcisista sino como agujero que implica la castración, y del lado del sujeto no es bastante con los objetos que yo le pueda ofrecer.

El capítulo siguiente “aforismos del amor” Lacan aborda la cuestión del amor y veamos estos aforismos. Dice frases repetidas: “el amor es lo que permite al goce condescender al deseo” frase muy sonora, aforismo que resiste a la comprensión, pero se trata de situar la posición compleja del amor entre goce y deseo.

El amor es el tratamiento de la problemática del goce y el deseo. Se interesa por un amor no tanto sublimado, narcisista, o bien como una forma de sublimación pero también le interesa esta dimensión de lo real del sujeto. El amor como un modo de situar el ser de goce del partenaire y de cada uno. El aforismo “Te amo porque hay algo en ti más allá de ti”. El amor está entre lo que hemos puesto, depositado en el Otro, pero para el sujeto después del big-bang  en el encuentro amoroso volver al punto original, pero lo que queda en el Otro  es más bien una parte del sujeto. No hay Otro porque lo que alcanzamos es un resto construido a partir de nuestro propio goce.

No hay relación sexual, no hay Otro pero a pesar de todo bordeando la angustia, la castración busca más  allá del resto de goce de cada uno. El amor opera en esta dimensión de lo que sería una metáfora del goce sino fuera porque el objeto a resiste a toda metaforización, no es significante. Cómo entender la frase “el amor permite condescender…” condescender  un término que tiene la resonancia de consentimiento del sujeto que nos sitúa en la dimensión  que Freud relaciona con la “behajung” que se sitúa  en el plano libidinal.

La identificación no se puede separar  de la elección de objeto, Freud habla del momento en que el sujeto infantil consiente en perder algo de su goce original, acepta los significantes del Otro.  Hay otros autores que leen el condescender a partir del esfuerzo de Lacan en el seminario VIII para pensar el amor de transferencia como una travesía que permite ir más allá del amor puramente narcisista. Cuando Alcibíades ante Sócrates, le  muestra que el objeto en juego no es Sócrates, sino que este más allá le muestra el fundamento ridículo en la seducción amorosa, este núcleo tapado por toda la construcción narcisista del amor.

La relación entre condescender y consentimiento sitúa el consentir en la aceptación de los significantes del Otro y vincularlo con la pérdida de goce. Consiento al Otro que tiene como motivo final el deseo a partir del resto de mi goce por mi paso por el Otro.  El amor es lo que ha permitido este trayecto, y la transferencia permite explorar este núcleo de goce tapado por la dimensión narcisista del amor.

El único acceso al Otro es el objeto a como resto, pero la paradoja es la de mi propio goce perdido como tal, aunque algo del Otro está presente en esta operación de rescate dónde están las condiciones del Otro. En los rasgos están las “muescas” a partir del encuentro con un Otro que no deja de ser una pregunta sobre la interpretación del deseo del Otro. En estos residuos encontramos el homenaje, el monumento erigido en la ausencia del Otro. El amor como un intento de volver a ese encuentro imposible con Otro que desapareció. El amor como un encuentro entre dos desapar

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