Estar vivo a cada instante

Estar vivo a cada instante

 

No he venido a morir lentamente

tampoco a vivir de modo atropellado,

simplemente aspiro a vivir, a dar cuenta

del  deseo de estar vivo a cada instante.

 

Tensando el arco de la  vida

es como mejor encuentro la alegría;

sé de sobra que es un adiestramiento inútil,

que Aquiles no alcanza nunca a la tortuga

como las flechas de Cupido

nunca aciertan en el blanco.

Me satisfacen los retos difíciles,

no cejar en el empeño

atraído por  hacer surgir la posibilidad

que se sabe  imposible en el fondo.

 

Mi flecha ya va en camino,

son como versos lanzados al viento

con los que quiero mostrar mis mejores galas,

mi tesoro, mi “agalma”.

Y al llegar a su destino

como un perfecto bipolar, estoy

tan triste como contento,

por  haber  fallado acertando dando

con este poema en el negro sobre blanco;

ahí justo en el centro donde se socava

el vacio que destensa y oxigena  mi alma.

Convencidos de morir amando

Convencidos de morir amando

 

Porque tú eres

la fruta fresca y jugosa

donde mis cuarteado labios

abrevan, bebiendo el exacto

fulgor de tu presencia.

 

Mi lengua  espada de luz

que ilumina tus labios trémulos

guiando ciegamente un impulso

oscuramente rumiado.

 

Nuestras bocas chocan con estruendo

y se entrelazan en el fragor del silencio.

Solos tú y yo teniendo  por  campo de batalla

el  ancho cielo azul y por lecho

nubarrones que ni Dios  saber quisiera.

 

En la arena dos cuerpos rodando,

entregados más nunca rendidos

sino convencidos de morir amando.

 

Hacen el amor y  la guerra

hasta acabar como exhaustos gladiadores

fieramente fulminados sin otra máxima

que el amor desmedido por la Vida.              

 Javier Porro “poemas…del amor” (15-3-13)

Me autorizan mis naufragios

Me autorizan mis naufragios

 

 Como el naufrago

lanzo este mensaje al mar

autorizado,

por el peso de mi radical insularidad y

el salir superviviente de otros naufragios.

 

Como quién en su desesperación

no cesa de hacer aspavientos,

así yo escribo alucinando barcos que

parecieran pasar al rescate de mi soledad.

 

Cercado por mi sombra fiel,

eché en falta no tener la compañía de un “Viernes”

y me puse a  escribir sin otra aspiración,

¡decidme si no es acaso humano!,

por  el deseo de gustar y ser amado.

 

sin embargo, desde la dura lección

adquirida en la “cátedra” de  náufrago

tengo solo las olas cual palomas mensajeras

para hacer llegar mis palabras hasta mi otra orilla.

 

Si por casualidad te llegara mi mensaje,

coloca sobre tu oreja la caracola de mi alma

batida por la marejada

y en el eco de mi escritura escucharás

mi más puro deseo acariciando tu mejilla.

Quisiera sentir tu viva cornada

Quisiera sentir tu viva cornada

 

Como el toro que

en el momento de empuñar

la espada de verdad

se descubre ante el toro,

así mujer te cito

arrimando mi cuerpo hasta lo temerario,

bañado en sangre de tu sangre

manando  desde el mismo centro

de tu incurable herida.

 

Tu fuerza atávica se revuelve

buscando mi carne rosada,

citándome a vida o muerte en

trágico desencuentro.

 

Quisiera antes sentir

tu viva cornada hiriéndome como hombre

hasta el centro de mi vergüenza torera,

antes que la blanca palidez del

ir muriendo agarrado

al  estoque de mentira.

Javier Porro. “Poemas al encuentro del amor” (nº 6) (4-3-13)

 

 

El alma desvelada por la luz de tu risa

“Niégame la luz, la primavera

Quítame el aire si quieres

Pero tu risa nunca porque me moriría” (Pablo Neruda)

 

 El alma desvelada por la luz de tu risa

Tras el infernal diluvio

irrumpe con su majestuosa luz

la primavera.

 

Calada hasta los tuétanos

mi alma  llena de niebla

espera limpiar sus telarañas

con la bendita agua de mayo.

 

No temo a los nubarrones

que el horizonte presagia

si tras el velo de tu silenciosa voz

brota tu  sonrisa   serpenteante,

agitando tu manantial sereno.

 

Tu risa  como un  destello de luz

donde mi alma húmeda  se orea y

retrata al disparar tus labios

un fogonazo tan a bocajarro.

Javier Porro. “Poemas al encuentro del amor” (nº 5)

 

¿Por qué te llaman Amor?

¿Por qué te llaman Amor?

 

Te llaman, Amor,

porque sintiéndote presente y  a mano

si quisiera alcanzarte, acaso tocaría

la llaga como cicatriz abierta por

tu evanescente presencia.

 

Amor, te llamas

porque mi vacio vienes a colmar,

los dormidos sueños a despertar.

y cuando de verdad despierto,

humo o mentira, eres imposible  de atrapar.

 

Te llaman, Amor

porque tienes la rara virtud

de apagar la sed dejando

arder un rescoldo cuyo resto aviva

el  deseo de desear la sed.

Javier Porro “Poemas al encuentro del Amor” (19-2-13)

El alma desvalida.

El alma desvalida.

 Si tu supieras, Amor,

que tú  eres el envés de mi ser,

mí revés servido en dulce derrota,

eres mi causa perdida.

 

Amor, si yo pudiera decirte

que tú  eres la gota precisa

colmando el vaso de mi dolor

por donde se rebasa mi  agonía.

 

Si tú  entendieras, Amor

como tu  ausencia me confronta

al duro hueso de mi alma

quedando  a la intemperie y desvalida.

 

Amor, si tu pudieras sentir

el desgarro de mi carne oprimida

sabrías el alivio del cuerpo

que curando en salud de  palabras,

gracias a ti, Amor, ha renacido.

Javier Porro San Miguel “Poemas al encuentro del Amor” 15-2-13.

Mujer de Carne y sueño

Mujer de Carne y sueño

 

Mujer de carne y sueño

has dejado mi alma atravesada

por un dolor dulce de imborrable astilla.

Eres evanescente, efímera, fugitiva

eres mi satisfacción alucinada

mi búsqueda incesante, mi constante desencuentro,

el fecundo vacío donde mi ser inacabado

perdió su costilla para poder recrearte.

 

Ahí donde me faltan las palabras

para  nombrar lo imposible,

donde el no existir de la mujer

abre una brecha de insondable dolor…

ahí te forjo, te amo y te armo un lugar

excelso para que habites  mi delirio.

En las entrañas de mi corazón arraigas

existes como musa de alma y sueño.

 

No eres solo alma de sueño y carne de papel

mi escritura se nutre de tu cuerpo

es bebiendo de tus “labios cantores

como aprendí a ser sabio en amores.”

Irrigado por tu singular savia

tu alma a mi enraizada me ofrenda

tu vital presencia de mujer transformando

la carnal ausencia en causa de alegre contento.

Nada puedo decir

“Viam aquilae in caelo

Viam viri in adulescentula

Texto atribuido a Salomón

Nada puedo decir

Nada puedo decir, como dice Salomón:

“del surco del águila en el cielo, del navío en el mar,

y de la huella del hombre en la mujer”; sin embargo

si puedo sentir la insondable fractura que forja mi ser.

 

Y tu cuerpo contorsionado hasta la extenuación

rompió a escribir como se rompe en  pedazos

un cántaro roto. Tu alma lo recompuso lloviendo

tinta a cántaros, y ahora os escribe para cantaros

la nostálgica huella que como princesa rosa

y con  guante de seda ciñera un día mi ser

 

Deviniste mitad monje, mitad soldado,

como príncipe valeroso te batiste en duelo abierto

osando interponer tu espada en las fauces del dragón.

En tanto monje fuiste escribano de palabras

que ensartadas en tu pluma cobraron un vuelco,

un caprichoso azar, que sin buscar encontraron

el modo de dar vuelo y brío a tu alma.

 

Tu torsión más lograda fue dejar de maldecir el destino

para bien escribir tu duelo sin otro porvenir

que el dejar tu pluma trazar sus latinos arabescos

bendecida por la rosa de los vientos.(“Poema 18.“ J. Porro. 12-3-16)

 

Como marinero errante o Ícaro audaz

Como marinero errante o Ícaro audaz

 

Como marinero errante o Icaro audaz,

vas atracando en el  cuerpo de la mujer

y en cada puerto no tienes más “sinovia”,

que escuchar el lúbrico rumor que te induce

a robar el sagrado fuego y  avivar

el goce íntimo que anima su mortal carne.

 

Si recalé en el tango fue, quizás,

por amarrar mejor tu cuerpo en el abrazo, para no

Levar anclas ni soltar las amarras,

y sin embargo atesoré de ti

un dulce dolor de inextinguible brasa

para zarpar de tu puerto, pero navegando en tu alma.

 

Cuando nuestros cuerpos se fundan

me sumergiré en las aguas de “lethos”

y solamente te sabré llevar,

sabiéndo mi alma por ti transportada

a este etéreo goce de sentir que tu placer ha irradiado

mi fibra más íntima, mellando mi singular entraña.

 

Danzaré como si se tratase del “último tango”

así, cuando este acontecimiento tenga su tiempo y lugar

de ti solo quisiera recordar como deletrear tu nombre,

el instante sagrado dónde  aún se goza del cuerpo

sin que tu alma devenga extraña. (Poema 19. 28-3-16. J. Porro)